jueves, 19 de mayo de 2011

expresionismo


Como cualquier otro movimiento artístico, el expresionismo nace como reflejo social de una época y de un entorno concreto donde los artistas sienten la necesidad de transmitir sus emociones y sus pensamientos. A este tipo de ismo le tocó ver la luz en Alemania, en los primeros años de la década de 1910, y su radio de acción abarcó artes como la arquitectura, la pintura, la música o la literatura. Su idea inicial sería romper con el impresionismo y el naturalismo, tendencias artísticas que se venían desarrollando desde el siglo anterior. Años después, hacia finales de la década, el expresionismo llega al cine, un arte en auge cuya facilidad para difundirse entre la población le permite exponer las ideas y pensamientos que inquietan a sus creadores. Así pues, nos encontramos en un tiempo en el que Alemania ha perdido una guerra (La Primera Guerra Mundial), y la miseria y el dolor se acentúan de manera terrible. El Tratado de Versalles agudiza la fuerte crisis económica que sufre un país obligado a pagar una indemnización que no puede asumir. Este marco económico-social lleva a que varios cineastas y artistas alemanes realicen producciones que siguen las bases del movimiento, que vendrían a ser: utilización de luces y sombras, la distorsión de la realidad para reflejar el entorno y la sociedad que no se muestran tal cual son, pues se trata de un estilo subjetivo que abusa de deformaciones decorativas, donde se pueden apreciar inclinaciones imposibles en los edificios, cuyas proporciones semejan demasiado pequeñas al compararse con la talla de los actores o actrices, asimismo, las curvaturas de las calles servirían para que un borracho pudiese disimular perfectamente su estado. Incluso los personajes, con su excesivo maquillaje, se hacen menos creíbles. La unión de estas y otras características confiere cierto aire de alucinación, pesadilla o sueño; de ese modo no resulta difícil precisar que el expresionismo en el cine se acerca a temas de carácter fantástico o de terror, géneros en los que se encontraría más a gusto, ya que le permite realizar una fuerte crítica social sin alejarse de las bases que predica. En el año 1919 se gesta la producción El gabinete del doctor Caligari (Das kabinet des Dr.Caligari), película a la que se concede el honor de ser la primera muestra cinematográfica del movimiento. Este mítico film, que parece haber perdido fuerza con el paso del tiempo, iba a ser dirigido por Fritz Lang, pero al tener que realizar la segunda parte de Die Spinnen (1919), el proyecto pasó a manos de Robert Wiene. Tras una serie de experimentos pictóricos que sirvieron para conseguir unos decorados que no pueden renegar de su origen, la película se llevó a cabo y alcanzó un éxito notable. A partir de ese momento y durante los años que siguieron, el expresionismo alemán se afianzó como estilo fílmico, muestra de ello fueron la nueva versión de El Golem (Der Golem, wie er in die welt kam, 1920) realizada por Paul Wegener (años antes ya había rodado una primera versión que apuntaba hacia el expresionismo), El tesoro (Der schatzGeorg W.Pabst, 1922) o El hombre de las figuras de cera (Das wachsfigurenkabinettPaul Leni, 1924), pero el movimiento alcanza su cenit con dos directores: Friedrich Wilhem Plumbe "Murnau" y Fritz Lang. Sus maneras de entender el cine difieren, allí donde Murnau opta por el romanticismo y la obsesión en Nosferatu, el vampiro (1922) (obra cumbre del expresionismo y de las sombras) o la angustia y la opresión en El último (Der letzte mann; 1924) (otra obra cumbre del kammerspielfilm), Lang se decanta por lo colosal en Las tres luces (Der müde tod; 1921), historia, no exenta de romanticismo, que muestra en varios episodios el cansancio que la muerte padece ante la labor que se le exige o en los Nibelungos (Die nibelungen; 1923-1924), basada en leyendas escandinavas, pasando por el policíaco fantástico Doctor Mabuse (Dr.Mabuse der spieler; 1922) hasta llegar a Metrópolis (1926), referente indispensable dentro del cine de ciencia-ficción, pero ya alejada del expresionismo propiamente dicho. A partir de la segunda mitad de la década de 1920 el movimiento inicia su declive para dejar paso a otro tipo de cine, de realismo social, pero algunas de sus joyas aún pueden ser apreciadas en la actualidad, además de descubrir sus influencias en películas posteriores (y de otras latitudes) como seria el caso de los films de terror realizador en la Universal Pictures durante los primera mitad de la década de 1930 o de La torre de los siete jorobados, una de las mejores producciones de Edgar Neville.

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