Las comedias protagonizadas por Harold Lloyd se caracterizan por el movimiento, el ritmo y la sucesión vertiginosa de gags que en Relámpago (Speedy, 1928) honran el título, pues la agilidad, la velocidad y el estilo del protagonista de El hombre mosca (Safetly Last, 1923) no decaen mientras esta cómica sinfonía de Nueva York dirigida por Ted Wilde avanza hacia su clímax final. Speedy, el personaje interpretado por Lloyd, pierde sus trabajos con la rapidez que indica su apodo y a la misma velocidad se olvida de ellos para continuar haciendo gala de su vitalidad, de su picaresca y de su ingenio. Su personalidad queda definida tanto en su empleo de camarero, del cual no tardan en despedirlo, como en la ajetreada jornada dominical en Connie Island, a donde acude acompañado de Jane Dillon (Ann Christie), con quien pretende casarse. Nueva York es un personaje más en la trama, de hecho, la aventura de Harold se convierte en una alocada visita por la ciudad de los rascacielos, alocada por las situaciones que vive el personaje, a la espera de resolver los problemas de Pop Dillon (Bert Woodruff) y de formar un hogar con Jane. Las diferencias que mantiene el abuelo de la chica con la compañía de transportes, que pretende comprar la línea de Pop, provoca que en Relámpago haya héroes y villanos, peleas y persecuciones que agudizan las prisas de una ciudad acelerada que en nada se parece al pequeño rincón de Manhattan donde el tiempo y sus moradores parecen relajarse. Allí vive Pop y allí cada día maneja su tranvía de tracción equina, el mismo vehículo que por las noches se transforma en local social para el vecindario, que le echará una mano cuando llegue el momento. Ese pequeño espacio neoyorquino contrasta tanto con la Nueva York moderna <<donde todo el mundo tiene tanta prisa que toma el baño del sábado el viernes y así poder hacer la limpieza del lunes el domingo>> como con el propio Speedy en su deambular urbano. Como neoyorquino medio, el personaje de Lloyd es urbano por los cuatro costados y por lo tanto acepta el desenfreno y lo maneja a la perfección en las diferentes localizaciones donde nunca se detiene (salvo en el interior del camión donde la pareja sueña con fundar su propio hogar o en la casa de Pop) y en las situaciones que se le presentan en su barrio, convertido en un campo de batalla (que enfrenta a los matones de la empresa con el vecindario), en el mismo vehículo que en manos de Pop apenas se mueve, en la cafetería donde se descubre su pasión por el baseball, en el taxi que traslada a Babe Ruth al estadio de los Yankees o en el parque de atracciones donde Jane y él, dos entre la multitud, se divierten en una jornada dominical bulliciosa.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

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