jueves, 15 de marzo de 2018

Cazador blanco, corazón negro (1989)

<<No maté ningún elefante mientras estuve con Mascota. Nunca he matado un elefante, a pesar de que ciertamente lo he intentado. Nunca he tenido a tiro uno cuyos trofeos valieran la pena de cometer ese crimen. No, no crimen, pecado. Hoy en día no se me ocurriría matar un elefante -en realidad, he abandonado por completo la caza con rifle- pero en aquella época la caza mayor era muy importante para mí.>>

John Huston, A libro abierto (An Open Book)

Que John Huston fue todo un personaje y un gran director de cine (también guionista) lo corroboran sus memorias (quizá exageradas o quizá no tanto), los recuerdos de quienes lo conocieron y trataron, sus películas, entre ellas su recreación de la batalla de San Pietro en su documental homónimo, o mismo el libro en el que Peter Viertel noveló su experiencia africana al lado del cineasta. La novela, publicada en 1953, narra desde el recuerdo del álter ego de Viertel, Pete Verrill, su relación con John Wilson, el fin de su amistad y la personalidad del realizador que Clint Eastwood llevó a la gran pantalla en Cazador blanco, corazón negro (White Hunter Black Heart, 1989). Aventurero, bebedor, despilfarrador, mujeriego, rebelde, pendenciero, defensor de las causas perdidas y en ocasiones cruel con sus amigos, la actitud de Wilson (Clint Eastwood) es presentada por el Pete literario de la manera que sigue: <<un amigo mío, actor de talento y hombre inteligente, opinaba que Wilson era un magnífico exponente de ese tipo de personalidad que anda siempre jodiendo a los demás, y añadía que para sobrevivir con semejante carácter hay que nacer rico o estar dotado de un gran talento. Lo último era cierto en su caso. Tenía, y tiene aún, un talento inmenso. A pesar de esa actitud básica, tan bien descrita por mi amigo el actor, hizo carrera transgrediendo continuamente todas las normas no escritas que gobiernan el mundo de los negocios cinematográficos>>. Estas palabras corroboran que Wilson es un director de incuestionable valía, ajeno a las imposiciones y las normas que no sean las suyas, de fuerte carácter, en ocasiones destructivo y obsesivo, que goza imponiendo su punto de vista y denigrando a la mediocridad y a la intolerancia allí donde la observa. La visión de Viertel, participe en el guión de la película, y de Eastwood ni esconden la atracción ni el rechazo (esto último sobre todo en la novela del primero) que les genera un personaje que se obsesiona con la posibilidad de cazar su primer elefante. Dicha obsesión, prioridad, no se encuentra en su gusto por la caza sino en su afición por traspasar los límites de lo corriente, como si con ello se sintiera vivo y se alejara de la vaciedad que asume le rodea. Para Wilson solo Verrill (Jeff Fahey) se encuentra a su altura, aunque no deja de llamarle chico, y posteriormente Kivu (Boy Mathias Chuma), el guía que lo acompaña durante sus infructuosos intentos de cobrar la pieza que anhela. Todos los demás no merecen su consideración y menos que nadie su socio y productor Paul Landers (George Dzundza), a quien trae de cabeza el comportamiento y desprecio del director, a quien no puede controlar y quien parece desentenderse del guión que Pete debe corregir antes del inicio del rodaje de algo de África, en alusión a la mítica La reina de África (The Africa Queen; John Huston, 1951). Cazador blanco, corazón negro no fue un éxito comercial, aunque esto ya lo sabría su realizador, productor y protagonista previo al rodaje, como también sabía que entre manos tenía una buena historia, una historia humana, de obsesiones, de pasiones, de destrucción, de ser uno mismo,..., en definitiva, tenía una historia viva con personajes vivos. Pero además tenía una película que le permitió hablar de cine, del negocio que se esconde detrás de las imágenes que el público aplaude o rechaza, y de los artistas que hacen los films, cineastas como el propio Eastwood o Huston, dos personalidades diferentes como también lo son sus obras cinematográficas.

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