lunes, 26 de marzo de 2018

Paterson (2016)

¿Por qué estimo el cine de Jim Jarmusch? Porque Jarmusch va por libre, sin dejarse llevar por las modas o por los cantos de sirena de un tipo de cine comercial que le proporcionaría mayores presupuestos pero menor libertad a la hora de realizar sus proyectos. Él es fiel a su modo de crear, a su visión del mundo y a su personal exposición de aquello que le interesa. Aunque sus constantes temáticas, sus ideas y sus reflexiones parezcan repetirse, nunca ofrece lo mismo, porque su creatividad nace de fragmentos de vida que transforma en películas atípicas y a la vez sencillas como Paterson (2016). Cada vida de sus personajes resulta sincera, real, quizá porque su cine es la suma de la cotidianidad, de las relaciones y de su ausencia, de la coherencia con la que narra momentos sin emplear recursos que robarían la honestidad de su poética de lo sencillo y complejo, sencillo y complejo porque esta dualidad enfrentada forma parte de la vida que Jarmusch capta en Paterson desde los fragmentos de la rutina de su protagonista (Adam Driver), un conductor de autobuses y un poeta sin mayores pretensiones que plasmar sus palabras en la libreta que siempre lleva consigo. Este espléndido poema de lo cotidiano transcurre a lo largo de una semana en la vida de Paterson, a quien observamos cada amanecer en el lecho, al lado de Laura (Golshifteh Farahani), en sus instantes en casa, en el trabajo o en el bar de Doc (Barry Shabaka Henley) adonde acude al anochecer mientras pasea a su perro. Cada jornada repite el mismo ritual, pero cada día también resulta distinto en sus poemas, escritos en su libreta secreta, en sus encuentros casuales, en sus conversaciones y en su vivencia de pareja y, sin pretenderlo, en aquellas que escucha a sus pasajeros o a los clientes de Doc. Paterson es la ciudad donde vive, Paterson es él, y ambos forman parte de la cotidianidad que la cámara de Jarmusch capta sin invadirla, sin alterarla, respetando que sea el propio personaje quien nos familiarice con su mundo (sus aficiones, su gusto por el poeta William Carlos Williams, el amor que le une a Laura, su rutina) a medida que transcurren esos siete días que podrían ser los de cualquiera, porque cualquiera podríamos ser y vivir en un Paterson, un día, otro y otro más, escribiendo en páginas ya escritas o en aquellas blancas que, como dice el poeta japonés (Masatoshi Nagase) con quien el protagonista conversa hacia el final del largometraje, a veces presentan más posibilidades. Innegablemente Paterson es un film de su autor, pero también es una película de Adam Driver, que crea un personaje al que le concede la honestidad, el laconismo y la sensibilidad que brilla en la monotonía que vive, de la cual nunca se queja y de la que no pretende huir.

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