La realidad golpea a la madre y al padre; también se ceba con cada uno de sus hijos, pues ninguno puede escapar de la vida, de sus carencias y querencias. La falta de comprensión y de apoyo quedan patentes tras el robo que sufre Manolo (Ricardo Lucía) mientras realiza un reparto, un hecho del que no es culpable, pero que le acarrea graves consecuencias, como el despido inmediato o la obligación de abonar el valor de la mercancía sustraída. Pero a Manolo lo que más le afecta es la reacción de su madre, que le recrimina el haber perdido el empleo, cuestión que le obliga a dejar el hogar paterno y a vivir deambulando por unas calles en las que se descubren situaciones similares a la suya. La corrupción y la ilegalidad rodean a Pepe (Francisco Arenzana) al dejarse embaucar por Pili (Maruja Asquerio), quien le insiste en medrar dentro del mundillo del robo y del estraperlo en el que ella se mueve en compañía de su novio, violento y traicionero, conocido como El Mellao (Luis Peña), quien desde el primer momento ve en Pepe a un rival. No andaba desencaminado ese mal tipo, porque Pili y Pepe no tardan en iniciar una relación en la que se disponen a compartir el mismo lecho, cuestión que Manuel Pérez no puede tolerar debido a su educación basada en un fuerte costumbrismo moral. Tras la marcha de Pepe, se produce otra desgracia para la familia como consecuencia de la relación de Tonia (Marisa de Leza), la hija pequeña, con “Chamberlain” (Félix Dafauce), el estraperlista para quien trabaja Pepe. Este espécimen de escasa ética se muestra amable, pero únicamente porque desea aprovecharse de la belleza, de la inocencia y de la ambición de la menor de los Pérez, a quien ofrece un empleo como sirvienta en la casa de su amante. Pero su deseo por Tonia crece y la anima a que acuda a clases de canto antes de hacerla debutar en una actuación que él mismo se encargará de que fracase, para, de este modo, conseguir la desesperación de una joven que buscará consuelo y se convertirá en su nueva amante, hasta que a él le dure el capricho. Como consecuencia de todo cuanto se ha dicho, el medio urbano mostrado por la cámara y el rural expuesto desde las primitivas personalidades de los miembros de la familia nunca se equilibran, sino que se confrontan condenando a la unidad a desaparecer para dar paso a la inevitable adaptación que implica la pérdida de la identidad que los definía como núcleo y la aceptación de la nueva individualidad que asumen para sobrevivir lejos de sus raíces.
(1) María Asquerino: Memorias. Plaza & Janes Editores, Barcelona, 1987.
(2) (3) José Antonio Nieves Conde, en Tragedia e ironía: el cine de Nieves Conde. Festival Internacional de Cine Independiente de Ourense, Ourense, 2003.






Es verdad esa semejanza entre el film madrileño de Nieves Conde y la magna saga épica milanesa de Visconti. La ambición estética y la profundidad psicológica y filosófica no es comparable. Nieves Conde retrata un Madrid miserable y casticista (no muy diferente del actual, pese a todos los cambios aparentes), con seres ambiciosos de corte folletinesco, y una evidente limitación de la censura en su desarrollo. A mí me parece una incontestable obra maestra del cine español, pero no admite comparación con Rocco
ResponderEliminarTotalmente, coincido contigo, no son comparables, pero existen similitudes que se repetían en la realidad de las migraciones internas de aquella Italia de Visconti y de la España de Nieves Conde. En ambos casos, el éxodo del sur italiano al norte y del rural español a Madrid, Barcelona o Bilbao llevó consigo el inevitable desmembramiento y fin del núcleo familiar tradicional. Además, el crecimiento periférico de los centros urbanos de acogida fue una realidad que enriqueció a unos pocos y estableció al emigrante en espacios marginales donde, por supervivencia o instinto de adaptación al nuevo medio, estaba obligado a olvidar viejas costumbres y asumir nuevos hábitos, a veces a base de palos o dando palos. Considero, quizá equivocado, que Italia y España tenían en común, aparte de su origen latino y mediterráneo, y otros factores, y de diferencias tan claras como los sistemas de gobierno de entonces, esos dos espacios separados por los kilómetros y por sus condicionantes sociales, culturales, económicos, religiosos, pues, donde apenas había desarrollo, la influencia de la moral católica en la vida cotidiana era mayor que en grandes ciudades como Milán o Madrid. Por lo demás, las películas difieren. Como bien dices hay mayor carga psicológica y ambición estética el film de Visconti, para mí una de sus grandes obras.
EliminarSaludos