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El golpe (1973)



Pierdo la cuenta cuando numero las producciones cinematográficas que tratan sobre timos y golpes perfectos, pero, posiblemente, sea más preciso si pienso en las más famosas. Una de la más, aunque no por ello la mejor, es El golpe (The Sting, 1973), que, pese a sus carencias y gracias a sus constantes intentos por engañar, posee un encanto innegable, en su modo de embaucarnos y exponer las correrías de dos timadores (y sus compinches) durante la estafa de sus vidas. 
En sí, El golpe es un divertido timo que no escatima en gastos para ponerse en práctica. Sus decorados de la década de 1930, el montaje, su división en actos, la partitura, las actuaciones, todos y todas, nos están embaucando y lo hacen con descaro, elegancia y burla. Ese es el atractivo del film de George Roy Hill, que nos engaña y nos hace olvidar que lo está haciendo, porque nos entretiene con el engaño que vemos en pantalla, cuya víctima, el personaje de Robert Shaw, no deja de ser el gancho para que Paul Newman y Robert Redford nos embauquen durante un par de horas. Johnny Hooker (Robert Redford), timador de bajos vuelos, aunque de gran talento, trabaja con Luther Coleman (Robert Earl Jones), el hombre que le ha ensañado cuanto sabe y a quien le une una gran amistad. Sin embargo, un timo al tipo equivocado provoca el asesinato de Luther y probablemente también el suyo. La idea de la venganza cobra fuerza, así pues Johnny acude a Harry Gondorff (Paul Newman), quien según las palabras de Coleman sería el más grande entre los timadores, para castigar al responsable del homicidio. A partir del encuentro entre estos ases del engaño se presenta una cronología, por actos, de los preparativos del golpe.


Existen varios aspectos que podrían explicar el enorme éxito logrado por El golpe; en primer lugar se encontraría la participación de una pareja de actores de gran carisma, dos hombres que habían trabajado juntos, bajo la dirección de George Roy Hill, en Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and The Sundance Kid, 1969); pero además se completó el trío protagonista con la participación del actor británico Robert Shaw, sin duda un villano de gran carisma, al tiempo que sería una víctima perfecta para las intenciones de los embaucadores. Para facilitar el trabajo de los motores del engaño se contó con un guión escrito por David S. Ward que requería la presencia de actores de gran capacidad para la comedia: Ray Walston, Charles Durnning, Eileen Brennan o Harold Gould, estos y otros muchos serían los encargados de confundir durante dos horas a un público que se dejaría engañar de buen grado, pues un timo perfecto consistiría en ofrecer la ilusión que se desprende de El golpe, más aún si se comete al ritmo de la partitura compuesta por Marvin Hamlisch, que remarcaría el carácter alegre y travieso de la película de George Roy Hill.


Tras la presentación del equipo y del decorado donde se pretende llevar a cabo el ambicioso proyecto, se presenta el gancho; dentro del cual se desarrolla una de las mejores escenas del film: la partida de póker que se celebra en el compartimento de un tren en el que se enfrentan por primera vez Harry Gondorff y Doyle Lonegan (Robert Shaw); simplemente magnífica. Sin embargo esa partida de cartas no sería el cebo propiamente dicho, sino la parte previa que serviría para enfurecer al gánster y que le ayudaría a aceptar la propuesta que le realiza Johnny Hooker, quien se hace pasar por un ambicioso esbirro que desea la organización de su jefe. Así pues, una vez que el pez ha mordido el anzuelo, llega el turno para contarle un cuento creíble que le convenza para perder su dinero sin que se dé cuenta y siendo él mismo quien desee invertir en el negocio. Johnny le explica un plan con el que podrían ganar cuatro veces más de lo invertido, un plato apetitoso para cualquiera, y más para Doyle Lonnegan, quien desea hacer pagar la humillación a la que le sometió aquel impertinente jugador de póker. De este modo, la curiosidad, el rencor y la ambición de Lonnegan le empujan a participar en una apuesta que no puede perder, pero no sin antes comprobar todo lo comprobable, y en este punto resulta indispensable la actuación de Kid Twist (Harold Gould).


A pesar de que la trama parece ir por buen camino, existen imprevistos que podrían dar al traste con el plan, uno de esos inconvenientes sería el teniente Snyder (Charles Durning), el policía corrupto que persigue a Johnny por entregarle 2000 $ en billetes falsos; pero Snyder es una nadería si se compara con la amenaza de un asesino desconocido, contratado por Lonnegan, que pisa los talones de su nuevo socio, de quien desconoce su verdadera identidad, porque si tiene la menor idea de quien se trata todo habrá acabado antes de empezar. En este aspecto, El golpe juega con Lonnegan al tiempo que lo hace con un espectador a quien pretende atrapar y engañar para que disfrute con las peripecias de ese grupo de excelentes timadores que ofrecen un genial entretenimiento a cambio de ser cómplice o víctima de un trabajo que no puede fracasar.

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