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La fortaleza escondida (1958)


Cual ilusionista cinematográfico, Akira Kurosawa sacó de la manga a dos personajes inolvidables, cuya codicia se iguala a su estupidez. Son dos campesinos, Tahei (Minoru Chiaki) y Matashichi (Kamatari Fujiwara), que no desean regresar a sus casas con las manos vacías, pues, de hacerlo, tendrían que volver a trabajar la tierra, y esta es una dura labor que no entra dentro de sus planes. El par de pícaros deambula en busca de fortuna, pero el destino, antes de hacerles un guiño, les depara ser apresados y obligados a trabajar como esclavos en la mina de oro de donde escapan para volver al camino, aunque la casualidad, les permite encontrar, oculto en el interior de una rama, un blasón hecho con el valioso mineral dorado. El descubrimiento les empuja a discutir a cuál de los dos pertenece, antes de caer en la cuenta de que si alguien se tomó la molestia de esconder algo tan valioso podría significar que hubiese ocultado más. Hasta el momento la película de Akira Kurosawa sólo ha presentado a la peculiar pareja de campesinos y la existencia de una recompensa por la cabeza de una princesa fugitiva que se esconde en algún lugar de la región, este último hecho invita a pensar que los dos caminantes, tarde o temprano, se toparán con ella. Sin embargo, a quien se encuentran es a un desconocido que les sigue, y de quien tratan de escapar por miedo a que les robe las dos piezas de oro que han encontrado; no obstante el extraño les da alcance y les muestra un nuevo blasón, advirtiéndoles de la existencia de muchos otros. El nuevo personaje se muestra distinto a ellos, silencioso e incluso peligroso, un hombre que no les mata porque le exponen una idea que se inventan para despistarle, pero que le convence de que incluso un idiota (o dos) puede tener un pensamiento brillante. A partir de este instante, el general Rokurota Makabe (Toshiro Mifune) se aprovecha de la codicia de sus nuevos compañeros para poner en marcha un plan que se gesta y que se inicia en la fortaleza escondida donde vive con una joven cuya identidad no plantea la menor duda, pues su conducta se observa orgullosa, firme y segura. Esa fortaleza es el punto de partida de un viaje peligroso en el que Rokurota tiene el deber de conducir a la princesa Yuki (Misa Uehara) sana y salva hasta un lugar desde donde pueda restaurar la dinastía que sus enemigos desean exterminar. La joven princesa se muestra desagradecida con su siervo, pero también se descubre inteligente, sobre todo cuando, de mala gana, acepta la propuesta de hacerse pasar por muda; según palabras de Rokurota es la mejor manera de no llamar la atención, pero también es una actuación ardua y difícil. De ese modo emprenden el camino, conscientes de los peligros que les aguardan y de las tretas que Tahei y Matashichi idearán para hacerse con un oro que creen suyo, y que desean más que cualquier otra cosa, cuestión que reafirma su codicia y su estupidez, dos características innatas que les indican que desconfíen del general, porque no tienen la menor duda de que se trata de alguien como ellos. Así pues se comprueba la gran diferencia que existe entre la pareja de campesinos que desea cambiar su destino, sin pensar en nada más que en su propio beneficio, y un general que no puede más que aceptar su sino para que de ese modo se pueda cumplir el de su princesa. La fortaleza escondida (Kukushi toride no san-akunin) es una magnífica aventura repleta de grandes momentos, como la persecución que emprende Rokurota en pos de los soldados que les han descubierto, eliminándoles de uno en uno, hasta que, sin darse cuenta, se encuentra rodeado por decenas de enemigos que se apartan para que se enfrente en combate al general Hyoe Todokoro (Susumu Fujita), rival, amigo y similar a él en cuanto al concepto de honor, que no se encuentra en Tahei y Matashichi, quienes ni entre ellos parecen guardarse lealtad, y en más de una ocasión, aconsejados por una cobardía cercana a su ambición, intentan traicionar a sus compañeros de viaje. Akira Kurosawa controló de forma soberbia el ritmo narrativo de esta gran película de aventuras, aumentando su espectacularidad en los momentos precisos y permitiendo que la presencia de dos individuos despreciables, pero dignos de compasión, aportasen una nota de humor y de humanidad que mostrase la miseria que les ha empujado a ser lo que son: las víctimas de las luchas entre los ambiciosos señores feudales y de las penalidades que éstas acarrean.


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