La primera película de Raoul Walsh para la Warner se adentra en el gangsterismo pero no muestra a un delincuente sin escrúpulos que ambiciona alcanzar la cima de la criminalidad que le haga sentirse el rey del mundo, como habían hecho las producciones de gánsteres más destacadas de los primeros años de la década de 1930, que exponían el ascenso y la caída de inolvidables pequeños César y Caras Cortadas, sino a un personaje como Eddie Bartlett (James Cagney), condicionado por los vaivenes socioeconómicos de la época que le toca vivir y que le empuja a delinquir para sobrevivir, más que a alcanzar la cima desde la que finalmente se produce su inevitable caída. Podría decirse que este personaje es novedoso, al menos diferente, porque presenta una complejidad y un conflicto que le distancia de los hampones mitificados por el celuloide en films como Hampa dorada (Little Caesar, Mervyn LeRoy, 1932) o Scarface (Howard Hawks, 1932). Eddie no es un criminal sin escrúpulos, en él hay una serie de valores que marcan la diferencia y que se descubren en su amistad con Lloyd y Danny y en el amor que siente hacia Jean Sherman (Priscilla Lane), la persona más importante para él y quien, a la postre, será su oportunidad para redimirse. Eddie vive un falso sueño de amor y de grandeza, ilusión que empieza a tambalearse cuando realiza uno de sus golpes en compañía de George, un hombre que no entiende de amistad y a quien únicamente interesa el poder y el dinero. Al contrario que el Eddie de James Cagney, el personaje de Humphrey Bogart, George, ya apuntaba maneras de criminal en las escenas de 1918. Pero los años han pasado, las situaciones se suceden y empujan a Bartlett a la criminalidad en la que triunfa y donde, inevitablemente, sufre su caída, pues los movidos años veinte tocan a su fin el 28 y el 29 de octubre de 1929, cuando la bolsa hace crack en un instante que también significa el crack para Eddie y que, entre otras muchas consecuencias, genera un cambio radical en la política y una nueva realidad social donde, en apariencia, no habría cabida para delincuentes como el propio Bartlett o George Hally, y sí para los Lloyd Hart y las Jean Sherman.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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