Ir al contenido principal

Un millón en la basura (1967)



¿Cómo actuar en caso de encontrar un millón en la basura? ¿dejarlo allí? ¿recogerlo y entregarlo a las autoridades? o ¿pensar que se trata de un milagro, tomarlo y salir corriendo como hace Pepe Martínez (José Luis López Vázquez)? Cabría decir en favor de este funcionario de limpieza mal pagado, que en un par de días será desahuciado, sus deudas se acumulan y a duras penas puede dar de comer a su esposa y a sus dos hijos. Un millón en la basura disfraza de comedia la miseria en la que viven Pepe y Consuelo (Julia Gutiérrez Caba), para quienes no existen los milagros, porque éstos son exclusividad de los privilegiados; sin embargo, la fortuna parece contradecir lo dicho, pues ésta les ha sonreído al ofrecerles una oportunidad para salir de la situación que les ahoga y que les golpea sin compasión. No obstante, la conciencia de Consuelo no les permite quedarse con un dinero que no les pertenece, sobre todo sin saber cómo lo ha conseguido su marido; la actitud nerviosa, incluso temerosa, que muestra Pepe parece indicar que ha delinquido para conseguir ese millón que les permitiría todo cuanto se les ha negado hasta entonces. Pepe claudica a la petición de su esposa, y se presenta en el lugar donde se produjo su milagro, pero no encuentra el cubo de la basura, y en el edificio nadie ha preguntado ni por el maletín ni por su contenido. La reacción de Pepe de quedarse con el dinero, que nadie parece reclamar, no se puede tachar de ilógica, como tampoco resulta extraño que se rinda un homenaje como nunca antes lo había hecho; así pues, entra en el restaurante, y allí se zampa cuanto hay en la carta, pero a la hora de pagar se lo piensa dos veces, porque algo le dice que no puede gastar un dinero que no es suyo. La vida de Pepe y de Consuelo cambia a raíz del milagro, no por las posibilidades materiales que promete el millón, sino porque la paz que reina en sus conciencias desaparece tras un milagro que más bien semeja una tortura. Las posturas de la pareja se enfrentan, lo mismo ocurre con los padres de consuelo cuando se enteran de que el gordo de Navidad ha caído en casa de su hija; la madre (Aurora Redondo) se posiciona a favor de Pepe y de la idea de quedarse con el dinero; mientras el padre (Rafael López Somoza) se siente orgulloso de la honradez de su hija. Para los pobres no hay milagros que valgan, eso ya se lo había dicho Faustino (Juanjo Menendez), quizá porque, además de pobres, poseen una conciencia que no les permite apoderarse de lo ajeno. Pero, ¿quién ha podido extraviar una cantidad como esa? Al principio Pepe no piensa en el desconocido que ha perdido el millón, sin embargo existe, y puede que se encuentre en una situación desesperada, aunque también podría no notarlo o ser un ladrón que merecería probar su propia medicina; fuera como fuere, la conciencia es una realidad para Pepe y, sobre todo, para Consuelo, porque ambos son personas honradas que no pueden dejar de serlo, por mucha promesa de bienestar que les ofrezca un millón que les aleja de la tranquilidad (moral) y de la confianza (dentro de la pareja) que reinan en sus míseras vidas. José María Forqué no escondió los aspectos reales que rodean a los Martínez, por ese motivo Un millón en la basura plantea una compleja disyuntiva moral que enfrenta la  hipotética mejora, que quebraría sus valores, con la miseria en la que viven, pero que les permitiría sentirse dignos y tranquilos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...