La fiebre del número uno se contagia y se extiende por todos los campos sociales sin que exista antídoto o, mejor dicho, no se desea cura para una necesidad inventada e impuesta por los propios humanos con la finalidad de producir ídolos y beneficios, y también para reproducir modelos de conducta que, imitando su imagen, perpetúen la competición. Número uno en ventas o en tal o cual deporte, el primero de la clase y de la lista, el enemigo público número uno, el primer ministro o el solo puede quedar uno de Los inmortales (The Highlander, Russell Mulcahy, 1988). Ese privilegiado número uno o primer puesto es el objeto de deseo de la competición que forma parte de la herencia que se trasmite de padres a hijos, lo que implica que los herederos no se planteen los porqué competitivos, como resulta ser el caso de Paul Metzler (Chris Klein), quien, sin saber qué le aguarda o para qué se presenta a las elecciones, acepta alegre porque así se lo indica el profesor McAllister (Matthew Broderick). Según se mire, este docente es el protagonista o el antagonista de Election (1999); en todo caso es el antihéroe norteamericano de la sátira política que Alexander Payne ambienta durante una particular campaña electoral, particular porque Payne no se mueve por la alta política, de republicanos y demócratas, que suele asomar en el cine sobre políticos hecho en Hollywood, sino que desciende varios peldaños, alcanza la base (el sistema educativo) e ironiza sobre la política y la sociedad estadounidense desde la carrera a la presidencia del consejo escolar del instituto Carver de Omaha (Nebraska). La competición está arbitrada por ese profesor que se descubrirá un tanto resentido con la cotidianidad que su voz recuerda plena, aunque las imágenes y situaciones de Election muestra un tanto aburrida. Dice que siempre quiso educar y transmitir valores, pero, en realidad, como maliciosamente apunta la voz de Tracy Flick (Reese Witherspoon), no deja de repetir las mismas lecciones, año tras año, el mismo tipo de camisa y un discurso teórico que difiere de la realidad práctica en la que ambos se enfrentan. Ella asume que el señor M es un tipo anodino, mediocre, quizá alguien que esperaba más que su cotidianidad marital y profesional —hacia eso apunta que desee a Linda (Delaney Driscoll), recién separada de su amigo Dave (Mark Harelik), y que quiera frenar el ascenso de Tracy, la alumna más ambiciosa del centro escolar. Jim McAllister es profesor de historia y ética y, precisamente asumiendo una postura moral que no emplea para reflexionar sobre sí mismo, no ve con buenos ojos a la ambiciosa alumna que siempre lo sabe todo, la misma que levanta la mano para responder cualquier pregunta, la misma que se dejó seducir y la misma que sedujo a Dave, el profesor cuyo patetismo alcanza cotas caricaturescas, sobre todo cuando, entre sollozos y su confesión de amor, lo despiden del instituto. Como tantos otros momentos relacionados con Tracy, este se graba en la mente de Jim y le agudiza su rechazo hacia la candidata que juega para ganar las elecciones.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




Una película que parece menor y no lo es a cargo de uno de los directores americanos más interesantes de los últimos años.
ResponderEliminarSí, también lo creo así. La película es mucho más de lo que aparenta a simple vista, y también coincido con tu opinión sobre Payne.
EliminarSaludos.