Plano de la torre de las Campanas, construida sobre la original del siglo XI y concluida por Peña de Toro y Domingo de Andrade entre 1667 y 1670, y de la torre de la Carraca, levantada a imagen de la anterior un siglo después por Casas de Novoa, la cámara desciende y se sitúa sobre la piedra del Obradoiro en el mismo instante en el que una furgoneta irrumpe en la plaza a ritmo de Pois eu. Por momentos, durante instantes musicales como este, en los que suena una canción de Andrés do Barro, En la red de mi canción (1971) podría pasar por una sucesión de vídeos pop-folk gallego donde igual vemos al cantautor ferrolano en la parte trasera y descapotable de esa furgoneta que recorre rúas y plazas monumentales de Santiago de Compostela como acudiendo a la romería, a ritmo de Camiño de San Antón, donde Elena (Concha Velasco) come rosquillas de feria, típicas de las fiestas populares, y prueba el vino barrantes que, junto o ribeiro, consume parte de la concurrencia que disfruta de la jornada al son de panderetas, gaitas y muñeira; cuando no rumbo a Madrid en un vagón desde donde contemplamos el paisaje ourensano, testigo natural de la letra y música de O tren, quizá el tema más famoso de un cantante que alcanzó la gloria, vivió el éxito y concluyó sus días en el olvido. En la figura de Andrés do Barro, probablemente la mayor estrella del pop galego de la década de 1970, y en la presencia de su música y sus letras en gallego, <<porque así lo he sentido y porque quiero colaborar con todo interés y cariño a dignificar mi idioma materno, caído durante muchos años en el más cruel menosprecio>> —expresó el músico en su primer disco—, En la red de mi canción es una película única, pues es el único largometraje en el que participó. Salvo en sus canciones, su voz original fue sustituida por la de un actor de doblaje y esta sustitución resta personalidad a su personaje, ya que, al ser un doblaje neutro, le borra identidad, elimina ese el acento que, más o menos exagerado en la pronunciación, los nacidos y criados en Galicia cantamos en el habla y musical delata nuestro origen.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



Esto tiene toda la pinta de ser una joya que me apunto, desde ya, en mi lista de filmes pendientes.
ResponderEliminarSaludos.
Pues, desde ya, me apetece leer tu comentario sobre esta película en tu blog.
EliminarSaludos.