Ir al contenido principal

Evasión o victoria (1981)



Podría decirse de Evasión o victoria (Victory, 1981) que es uno de los films menos arriesgados de John Huston, ya que a medida que avanzan los minutos se tiene la sensación de que el realizador de las magistrales La jungla de asfalto (The Asphalt Jungle, 1950) o El hombre que pudo reinar (The Man Who Would Be King, 1975) no estaba demasiado interesado en un proyecto de relleno que se ambienta en un campo de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial. Nada tiene que ver Evasión o victoria con una soberbia película como Traidor en el infierno (Stalag 17, Billy Wilder, 1952) y poco con un clásico del subgénero de fugas como La gran evasión (The Great Escape, John Sturges, 1963), de la que es deudora, aunque como en aquellas se descubre a un grupo de prisioneros aliados cuya prioridad sería la de fugarse, pero al contrario que en el film de Sturges la cuestión de la escapada queda relegada a un plano secundario, hasta el punto de prácticamente desaparecer cuando el mayor Steiner (Max von Sydow) reconoce al capitán Colby (Michael Caine) como un astro del balón y le realiza una propuesta amistosa. Aunque cueste creerlo al verlo vestido de corto, corriendo como buenamente puede por un campo de fútbol improvisado, Colby es una estrella del balompié británico que acepta participar en un encuentro amistoso que la propaganda nazi no tarda en ver como una excelente oportunidad para publicitarse. Desde ese momento el film
 pierde cualquier interés fuera del enfrentamiento que por cuestiones político-ideológicas acaba traspasando el ámbito meramente deportivo, convertido en una lucha entre la libertad que defienden los prisioneros aliados y la opresión que representa el equipo alemán. Huston apenas se detuvo en dar forma a los personajes, ni en el campo de prisioneros ni en el seno de la resistencia francesa, tampoco prestó demasiada atención al entorno donde estos se encuentran encerrados o a las sensaciones que les dominan, mostrando únicamente aquello necesario para que el film entretenga sin profundizar en las cuestiones que toca muy por encima y que se quedan en nada. Steiner y Hatch (Sylvester Stallone) son ejemplos claros de personajes desaprovechados, a pesar de que el segundo comparta protagonismo con Colby, ya que tiene menor presencia que aquel y tanto su fuga como su estancia en Francia quedan minimizadas. La participación de Sylvester Stallone tendría mayor peso como reclamo comercial, debido a su condición de estrella cinematográfica después del gran éxito de Rocky (John G. Avildsen, 1976), pero dejando a un lado la cuestionable importancia del único preso estadounidense del campo, Evasión o victoria nunca pierde de vista la idea del partido que enfrenta dos conceptos opuestos de entender el deporte y, sobre todo, de entender la vida, cuestión que se advierte durante un encuentro manipulado por el arbitro, afín al ideario dominante, y por los medios de comunicación, encargados de realizar una retransmisión que nada tiene que ver con lo que sucede en un estadio abarrotado de espectadores franceses deseosos de una derrota alemana. ¡Y por fin comienza el partido!; patadas, goles en contra, lesiones, un árbitro casero,... y un equipo aliado que no se da por vencido y opta por luchar hasta el final en detrimento de huir por el túnel que les conduciría a la libertad, pero que les alejaría de la victoria ante un rival que emplea malas artes y que no tiene en sus filas a jugadores como Bobby MooreArdiles o Pelé.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...