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Granujas de medio pelo (2000)



Un plan perfecto con unos ejecutores imperfectos (que recuerdan a los de Rufufú), liderados por Ray (
Woody Allen), apodado “el cerebro” (que según Denny (Michael Rapaport) sería el más listo del equipo porque lleva gafas), se embarcan en un atraco que les permitiría dejar de ser los perdedores que siempre han sido. Para lograrlo deben salvar un primer escollo, que consiste en convencer a Frenchy (Tracey Ullman) para que entregue a Ray los seis mil dólares que ambos tienen ahorrados, y que "el cerebro" debe conseguir para juntar los dieciocho mil necesarios para poner en práctica el proyecto. Salvado el inconveniente del dinero necesitan superar un segundo cuando se enteran de que el local elegido para escavar el túnel que les conduciría a la sucursal bancaria acaba de ser alquilado; aunque finalmente no resulta una complicación, pues quien lo ha alquilado no es otro que Benny (Jon Lovitz), un viejo conocido de Ray durante su estancia en la cárcel, que se convierte en el nuevo fichaje para un atraco con mucho sabor a galletas. La tapadera escogida por estos honrados ladrones para no levantar sospechas mientras escavan el túnel sería la fabricación y venta de las ricas galletas de Frenchy, que inesperadamente se convierten en un éxito cuando, inevitablemente, el golpe fracasa. Granujas de medio pelo (Small Time Crooks) posee excelentes momentos de ingenio, empleados por Woody Allen para mostrar la separación de un matrimonio que era más feliz cuando no poseían más que lo puesto, que después de su sonado triunfo en el mercado de las galletas, cuando alcanzan la opulencia que no convence a Ray y transforma a Frenchy. La vida de millonario le impide hacer cosas como: tomar una cerveza, mientras babea en el sofá al más puro estilo Homer Simpson, jugar una timba con sus compinches o ver películas como Al Rojo Vivo, obligado a acudir a actos sociales por la obstinada insistencia de Frenchy por cultivarse y relacionarse con la alta sociedad en aburridas fiestas o en representaciones que ni entiende ni pretende entender, ya que Ray sólo quiere ser como es y recuperar a una esposa que ya no es como era. Frenchy reniega de Frenchy, ahora pretende ser Frances, cegada por el lujo y por las posibilidades que le ofrece su opulenta cuenta bancaria; ella desea ser otra persona, culta, elegante y brillante, una nueva mujer que le aleje de aquella que siempre ha sido. Para ello, Frenchy se convence de la necesidad de encontrar a alguien que le enseñe a diferenciar y comprender aspectos culturales y sociales que sirvan para mostrar al mundo un refinamiento que no posee, y que le ofrece una supuesta felicidad. El Woody Allen de Granujas de medio pelo (Small Time Crooks) emplea su sentido del humor para introducirse en un ambiente de perdedores, sinceros y legales, a pesar de ser ladrones, que no tardan en encontrarse en un mundo desconocido para ellos (el de las finanzas y el de la alta sociedad neoyorquina), habitado por gente menos sincera y menos escrupulosa que esos don nadie que se encuentran de la noche a la mañana en una situación opuesta a la vivida hasta su irrupción en el mercado de las galletas. El dinero afecta al matrimonio de dos maneras distintas, distanciando sus gustos, sus inquietudes y sus apetencias; mientras el pensamiento de Ray no sufre alteraciones con respecto al ladronzuelo que había sido, Frenchy involuciona, a pesar de su convencimiento de una mejora que implica la ruptura con su antiguo yo, porque aquel no poseía ni la clase ni los conocimientos que la igualan a individuos refinados como David (Hugh Grant). David es el elegido para moldearla, de modo similar al realizado por el profesor Higgins en Pigmalion, la obra teatral de George Bernard Shaw (basada en un mito griego) —modelado que no es nuevo en el cine de Allen: en Poderosa Afrodita (Mighty Aphrodite, 1995) Lenny intenta cambiar a Linda, guiarla hacia donde el cree que debe ir, más que transformarla—, pero se trata de un granuja que no se enamora de su creación, sino de la fortuna de ésta, la cual resulta un reclamo muy atractivo para individuos refinados, cultos y amorales como él, carentes de la sinceridad que se observa en cada uno de los inocentes delincuentes condenados al fracaso, porque su ambiente natural es más honesto que aquel al que ascienden cuando se convierten en millonarios.

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