Ripley (Dennis Hooper) se traslada a Hamburgo para subastar la pieza de Dewart (Nicholas Ray) en una puja donde coincide con Jonatthan Zimmerman (Bruno Ganz), el hombre que desprecia su apretón de manos cuando les presentan, hecho que Ripley tiene muy presente cuando escucha que se trata de un restaurador aquejado de una grave enfermedad sanguínea. Ripley emplea esa información para resarcirse, así, pues, cuando Minot (Gerard Blain) le pide que le devuelva un favor, le recomienda que manipule al restaurador y le utilice para sus fines. Ripley se encarga de extender el rumor del agravamiento de la enfermedad de Zimmermann, hecho que unido a los análisis médicos amañados por Minot y a su creciente preocupación por morir sin dejar nada a su mujer (Lisa Kreuzer) e hijo, le provocan la ansiedad y el miedo. Minot, como si se tratase de un Mefistófeles moderno, conocedor del momento por el que atraviesa su Fausto, se presenta ante él y le propone comprar su alma (convertirle en asesino) a cambio de una cantidad de dinero que aseguraría el futuro de su familia. El restaurador rechaza la propuesta, aunque no tarda en dejarse convencer porque sabe que su enfermedad ha acabado con él, y sólo es cuestión de (poco) tiempo que muera y su ausencia deje desprotegida a su familia. En mayor medida, Wenders se centra en la figura del enfermo que en la del manipulador Tom Ripley, mostrando el deterioro emocional del primero, que afecta a su relación con su mujer, al tiempo que le transforma del individuo pacífico y familiar al asesino en el que se convierte en los últimos momentos de vida, los cuales disfruta en compañía de ese americano que acude en su ayuda, en un segundo encargo, porque siente algo por su víctima, pero nunca podría ser amistad, aunque sí un acercamiento entre dos comportamientos y pensamientos distintos.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Comentarios
Publicar un comentario