Ir al contenido principal

Depredador (1987)



A estas alturas de curso, puede considerarse a Depredador (Predator, 1987) un título clásico del cine de ciencia-ficción de la década de 1980, aunque sea un film que presenta una situación vista con anterioridad en otras producciones, ya que dicha situación muestra a un personaje envuelto en una inesperada cacería que le exige al máximo de sus posibilidades para poder salir indemne de la misma, siendo el prototipo de personaje que John McTiernan emplearía en las posteriores Jungla de cristal (Die Hard; 1988), La caza del Octubre Rojo (The Hunt for Red October, 1990) o El guerrero número trece (The 13th Warrior, 1999). En todas ellas, el héroe se enfrenta a una situación a vida o muerte en la que el espacio juega un papel vital, ya sea un rascacielos, un submarino o una aldea vikinga. La caza del hombre es un tema recurrente dentro del cine fantástico o de ciencia-ficción, uno de sus primeros ejemplos se encuentra en El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, 1932), película que presenta a un personaje que vive en una isla donde se dedica a dar caza a todo aquel que tenga la mala fortuna de naufragar cerca de sus costas. Pero existen otros ejemplos más cercanos en el tiempo y en la temática, como podrían ser El enigma de otro mundo (The Thing from another World; 1951), su remake La cosa (The Thing, 1982) o Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979). Al igual que en Depredador, estas películas muestran a un grupo de individuos acorralados en un espacio delimitado dentro del cual son víctimas mortales de un cazador de otro mundo, aunque en el largometraje de McTiernan el espacio aumenta hasta convertirse en la selva centroamericana en la que se adentran Dutch (Arnold Schwarzenegger) y su equipo de rescate. Cuando Dutch desciende del helicóptero y acude a la cabaña del general Phillips (R. G. Armstrong) se encuentra con Dillon (Carl Weathers), un viejo compañero de armas que en el presente trabaja para la Agencia, circunstancia que provoca los primeros recelos en el héroe, ya que no le gusta que le manipulen, consciente de que la presencia de un agente de inteligencia podría implicar una misión distinta a la esperada. Dutch tiene claro lo que hace y por qué lo hace. Él y sus hombres son los mejores en tareas de rescate, pero no quiere saber nada de misiones que tengan que ver con ataques u otras circunstancias en las que deba emplear una violencia gratuita que pueda afectar a inocentes, por eso ha rechazado misiones en el pasado, porque sigue un código de conducta que lo aleja de acatar cualquier orden que no sea de su agrado. No obstante, a pesar de su rechazo del orden establecido, asume que ni el general ni Dillon mienten al respecto del rescate que debe llevar a cabo, y que se inicia en el interior del helicóptero que les deja al otro lado de la frontera, jungla y más jungla. A medida que avanzan por la selva, advierte un peligro distinto al previsto, un terror que Billy (Sonny Landham) olfatea en el ambiente, por eso se muestra inquieto, confirmándose sus sospechas cuando encuentran los restos de otro equipo del que nada sabían. Desde ese instante, todos comprenden que la situación es más grave de lo que se preveía en un principio, no por su enfrentamiento con los rebeldes, sino por ese enemigo al que no ven, pero que les estudia. Nadie sabe contra qué o quién se enfrentan, pero es evidente que ahí hay alguien o algo que emplea los árboles para moverse sin ser visto, mimetizándose con el medio gracias a su tecnología alienígena, la cual le concede una gran ventaja a la hora de cobrarse sus trofeos, ya que eso son los humanos para ese ser extraterrestre que compite por ser el mejor cazador de la selva donde Dutch se convierte en presa y, finalmente, en competidor del extraño engendro de otro planeta.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...