Ir al contenido principal

El ultimátum de Bourne (2007)

Cuando Paul Greengrass tomó las riendas de la segunda entrega de la saga de Jason Bourne, en El mito de Bourne (The Bourne Supremacy, 2004), se produjo un salto cualitativo en la franquicia, manteniendo la acción y ofreciendo un enfoque más trepidante, en el que destacan las persecuciones y las peleas en las que se ve envuelto su desmemoriado protagonista, así como el desencanto de un hombre frustrado por desconocer su pasado. Se puede decir al respecto que en El ultimátum de Bourne (The Bourne Ultimatum) las andanzas de este individuo sin pasado y sin presente alcanzan sus mejores momentos, pero también uno de los peores: su previsible e innecesaria parte final, la cual entorpece el resultado de un film que funciona a la perfección como película de acción, más cercana al thriller de intriga de los años setenta que al cine de espías del estilo de la franquicia del agente 007 anterior a Daniel CraigLa cámara de Paul Greengrass nunca se detiene, siempre en constante movimiento, intercambiando planos que crean la inquietud que rodea a un hombre desesperado que lucha para salvar su vida y la de aquellos a quienes necesita para lograr su objetivo de resolver el rompecabezas que lleva su nombre. Perseguido desde El caso Bourne (The Bourne Identity, 2002) por hombres que ni dudan ni se preguntan el por qué de esa persecución a muerte (el propio Bourne habría sido uno de ellos en el pasado), desea encontrar respuestas para las numerosas preguntas que se hace en la actualidad. Por ello Bourne (Matt Damon) continúa luchando, para recuperar los recuerdos que le permitan responder a preguntas tan simples como quién es y qué es, aunque, en el caso de Jason Bourne, no son cuestiones de fácil respuesta, ya que todavía ignora cómo, cuándo o dónde se gestó su peligrosa y enigmática realidad. Jason solo sabe que no puede continuar oculto, porque siente la imperiosa necesidad de rememorar imágenes pasadas que ya no posee, las mismas que le permitirían llenar el vacío que le atormenta e impide conocerse a sí mismo. Como consecuencia de su prioridad por llenar las zonas oscuras de su mente, Bourne reaparece tras leer el artículo escrito por Simon Ross (Paddy Considine), ya que éste podría ponerle sobre la pista que le conduciría hasta su meta. A pesar de saber que Ross está siendo vigilado por agentes dispuestos a matar, Bourne asume el riesgo de contactar con él, porque la información que posee el periodista es la única vía que encuentra para dejar de ser un individuo perseguido, no sólo por aquellos que desean verle muerto, sino por una conciencia desequilibrada que le impide un nuevo comienzo. La escena en la estación londinense donde se reúne con Ross es una de las mejores del film, perfectamente diseñada y ejecutada, en la que el héroe debe hacer frente a los agentes que le acechan, al tiempo que intenta proteger la vida de un periodista que duda en acatar sus indicaciones. Aunque para Bourne no resulta tarea sencilla lograr las respuestas, gracias a su instinto de supervivencia, superior al común, y a su facilidad innata para deshacerse de aquellos que le persiguen, alterada durante el proceso de adiestramiento al que fue sometido en ese pasado que vislumbra de manera intermitente y que le ha convertido en una máquina de matar, ata los cabos que le permiten descubrir que son sus actos presentes los que creen su verdadera identidad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...