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Negocios de familia (1989)


Unir a tres estrellas de generaciones distintas no te promete un gran film, pero sí una gran afluencia de publico a las salas de cine, pues al menos resulta un reclamo que abarca un amplio espectro del público. Pero, como cualquier promesa, no siempre se cumple lo prometido, al menos no se cumplió en Negocios de familia (Family Business, 1989), en la que Sidney Lumet volvía a contar con Sean Connery de protagonista —fue la última vez que rodaron juntos—, al que acompañó de Dustin Hoffman y Matthew Broderick. Respectivamente, da vida a padre-abuelo, padre-hijo e hijo-nieto, aunque, en la realidad, esto sería imposible, puesto que los dos primeros pueden considerase de la misma generación; un caso similar al que Connery había experimentado en Indiana Jones y la última cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade, Steven Spielberg, 1989) al hacer de padre de Harrison Ford—. Los tres dan vida a tres generaciones de una misma familia que tiene cierta tendencia a delinquir, otros la tienen a ser granjeros o médicos, quizás lo lleven en los genes. Solo uno de ellos, el más joven no conoce la comodidad de las camas de los presidios estatales, pero podría conocerlas si el plan maestro con el que pretenden dar el golpe familiar (que acerque las distancias generacionales y los una) no funciona. ¿Qué busca el joven? ¿Quiere demostrar que no es menos que sus mayores? ¿Y Lumet? ¿Se encuentra en baja forma?, como escuché en alguna ocasión. No puedo juzgarlo. No iba al gimnasio con él ni jugábamos panchangas en el mismo barrio. Solo puedo decir que se trata de un Lumet menos combativo y gris que en sus policiacos, y más comercial y distendido que en la espléndida Distrito 34: corrupción total (Q & A, 1990), su siguiente film, en el que ya volvería a ser el mejor Lumet, y que en Un lugar en ninguna parte (Running on Empty, 1988), el film previo, y fiasco comercial, aunque su calidad superaba con creces la medianía de la época, tal vez el que le convenciese para ser más lúdico en busca de un éxito de taquilla. En Negocios de familia, Lumet se decanta por el entretenimiento y recupera un tono similar al de Supergolpe en Manhattan (The Anderson Tapes, 1971), también protagonizada por Connery. Nos propone una farsa, una mascarada, y una relación entre generaciones distintas que habitan el mismo espacio, que es lo que a priori más le interesa y lo que depara el conflicto, el reconocimiento y el acercamiento y el que podría ser el distanciamiento definitivo. Pero el cineasta, uno de los grandes surgidos en la segunda mitad del siglo XX, no da con la tecla que equilibre la farsa con lo que se puede entrever que está detrás; quizás, puesto que no he leído la novela ni el guion de Vincent Patrick, el material peque de lo mismo…

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