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Catalina de Rusia (1934)


Las biografías de Alexander Korda tuvieron su momento en la década de 1930, aunque Lady Hamilton (1941) se rodase en la siguiente, siendo la mejor de ellas Rembrandt (1936), aunque la más popular sea La vida privada de Enrique VIII (The Private Life of Henry VIII, 1932). Entremedias, produjo (y codirigió) Catalina de Rusia (The Rise of Catherine the Great, 1934) a Paul Czinner, quien una vez más contaba con Elizabeth Bergner en el papel principal. La actriz, con quien se había casado en 1933, tras llegar a Londres huyendo de la Alemania nazi, prácticamente fue la protagonista de todos los largometrajes que dirigió entreguerras, siendo el primero en común Amante o marido (Nju, 1924). Ella da vida a la futura emperatriz Catalina “la Grande”, pero antes de que suba al trono la película se centra en dos aspectos que acabarán colisionando: la intimidad y la política, medio en el cual Czinner, Korda y sus guionistas enfrentan lo femenino, el equilibrio, la serenidad y capacidad de reflexión de las dos emperatrices, y lo masculino, en Pedro, cuya visceralidad resulta destructiva, no solo para él, sino para sus relaciones íntimas y con el poder. Resulta curioso que ambas emperatrices alcanzasen el poder mediante golpes de Estado, pero la película no muestra más que el de Catalina y lo justifica no por la ambición que Pedro le atribuye al inicio, una sospecha que nunca le abandona. La primera mitad de Catalina de Rusia se centra en aspectos íntimos de Catalina y el Gran Duque Pedro, el heredero al trono ruso que en ese instante se encuentra en manos de la emperatriz Isabel I de Rusia (Flora Robson), su tía y la mujer que, por cuestiones políticas, ha decidido un matrimonio que el joven rechaza. En ese primer instante, la reacción parece lógica, todavía no se sospecha el desequilibrio que hace de Pedro un posible tirano. Y no lo hace mal Douglas Fairbanks, Jr, que carecía de la mítica de su padre, a quien Korda dirigiría ese mismo año en La vida privada de don Juan (The Prívate Life of don Juan, 1934)…


Douglas Fairbanks se había convertido en mito cinematográfico en el periodo silente, reconocible y aplaudido por sus acrobacias, su bigote y su sonrisa de que todo acabará bien porque él, Doug, es el héroe de acción cinematográfica por excelencia. Pero ¿habría alcanzado semejante estatus de haber empezado su carrera en el sonoro? Este fue el periodo en el que se prodigó su hijo. En este film de Czinner/Korda, el “Junior” cumple con su rol, pues hace creíble el desequilibrio de Pedro, un hombre en conflicto consigo mismo, más que con el resto, aunque no pueda evitar la colisión ni su distanciamiento de Catalina, con quien se casa porque asume que ella no lo hace por la posición. Pero esta idea no tarda en desaparecer, lo que implica el primer distanciamiento del joven matrimonio y la idea de que la futura zarina tiene muchos amantes, rumores que ella misma potencia para despertar los celos en su marido y así recuperarlo. Mas la intimidad vive a la par de la política de Estado, por entonces en manos de Isabel, una buena gobernante que teme por el futuro del imperio en manos de su sobrino, en quien ve una especie de Hitler, pues ella, la Isabel de celuloide de 1934, era consciente de que, fuera de la pantalla, podría existir un megalómano de tales características. Por eso, en su lecho de muerte, no duda en decirle a Catalina que <<ese hombre está loco>>, afirmación que parece confirmarse cuando sube al trono. Desde entonces, la nueva emperatriz no deja de sufrir humillaciones por parte de su marido, mas ella muestra una entereza que, unido al comportamiento de Pedro, explica porqué se ha ganado las simpatías del Consejo. Catalina de Rusia gana en complejidad cuando entra de lleno en el conflicto, al tiempo que el ritmo narrativo que Czinner y Korda imprimen permite pensar en cuanta vemos y escuchamos en pantalla, pero quedan claras las libertades históricas, ya que en ningún momento se pretendía una lección de historia, sino una película que parte de la historia para crear un espectáculo, entretenimiento, una historia de amor/desamor y un instante de reflexión sobre el poder, su magnitud, su peso, su inestabilidad…

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