viernes, 27 de marzo de 2026

Philip Roth y la muerte de la inocencia


Como las novelas de Philip K. Dick El hombre en el castillo (1962) y Patria (1992) de Robert Harris, La conjura contra América (2004) parte de la realidad para crear una ucronía con telón de fondo nazi en la que Philip Roth se ve a sí mismo de niño. A lo largo de sus páginas, relata sus recuerdos y la posibilidad de otros que escapan a la reconstrucción del pasado en nuestra línea temporal. Roth parte de esas evocaciones de su niñez en Newark (Nueva Jersey) para narrar una distopía con la que pone en evidencia la intolerancia y el fanatismo, pero el libro es algo más. Detalla la época, la vida de barrio y en el hogar, las necesidades diarias de una familia de clase trabajadora, el despertar de los hijos, el paso del mayor de ellos de la niñez a la adolescencia o la comprensión del pequeño Philip de que su madre y su padre son humanos y, por tanto, imperfectos, lo cual les concede mayor valor; así como el miedo a la guerra que lleva a Charles Augustus Lindbergh y a Henry Ford, los únicos estadounidenses condecorados por Hitler, al poder. El autor de La conjura contra América escoge su infancia, un momento concreto, también personajes reales: los miembros de su familia y los nombres populares que le posibilitan enfrentar varias posturas. Por una parte los Franklyn Delano Roosevelt, Fiorello La Guardia y Walter Winchell; y por el otro, los Lindbergh, Ford y Burton Wheeler, quienes se posicionan contra cualquier intervención en la guerra europea o en la del Pacífico. Pero lo que más me atrae de la novela no es la especulación, la ucronía nazi es la excusa, sino el aspecto íntimo en el que crece el miedo y se acerca el fin de la seguridad, el como el niño Philip Roth nos descubre las relaciones familiares y su desorientación ante la destrucción de un mundo, su normalidad cotidiana, la que se rompe cuando Lindbergh, el Águila solitaria, el primer piloto que sobrevoló con éxito el Atlántico en solitario, y en 1941 uno de los paladines del aislacionismos y del antisemitismo estadounidense del “América Primero”, accede a la presidencia de la nación tras derrotar en las elecciones a Roosevelt…


Ese instante marca un antes y un después, precipita el desmoronamiento de la cotidianidad, de la sensación de seguridad que proporciona el que nada cambie y todo sea previsible. Pero con el nuevo presidente, para la familia Roth y para el resto de judíos estadounidenses, la vida cambia. El miedo, la sospecha, la amenaza, la tensión y la inseguridad se hacen con el protagonismo. Philip lo recuerda en la distancia de los años, al tiempo que se recuerda y ahora se explica sus reacciones de entonces, al menos intenta comprender su pensamiento infantil, el de un niño obligado a dejar de serlo de forma precipitada, sin comprender plenamente qué sucede, aunque siendo consciente de aspectos que escapan a sus mayores. Tiene nueve años, tiene diez, tiene la edad en la que su infancia vive en la amenaza, tiene la sensación de que todo a su alrededor se viene abajo, incluso dentro de sí, cuando se siente atrapado e incluso se culpabiliza de que parte del desastre sea culpa suya. De ahí que quiera huir, que quiera quedarse, que quiera la protección de los suyos, que quiera ser huérfano… es decír, el pequeño Philip entra en conflicto consigo mismo y con su entorno. Quizás sea la primera vez, la primera de tantas veces que asomará el conflicto, pues este acompaña nuestras biografías, es parte inherente de nuestra identidad, pero eso no lo sabe el niño y, de saberlo, tampoco le consolaría; Philip no puede más que situarse y desorientarse, intentar no ahogarse en medio de la tormenta familiar y la nacional que se desata…

No hay comentarios:

Publicar un comentario