Ir al contenido principal

Svletana Alexiévich y Los muchachos del zinc

Dar voz a otros es un gesto de generosidad admirable y una responsabilidad enorme, pues eres quien elige a quién dársela y, por descarte, a quién no. Pero es enorme porque existe la tentación de jugar a ser Dios, como sucede con los escritores al crear mundos y personajes, aunque se basen en reales o se digan reales. Por eso es necesario ser curioso, pero también ético y polifónico, no quedarse en una sola perspectiva e imponerla. Hay que mostrar no sentenciar, que es más dogmático y sencillo de hacer. La búsqueda resulta fundamental, del mismo modo que los interrogantes, que, si son complejos, no tendrán una única respuesta; incluso podrían no tener ninguna, salvo conducirnos a nuevas preguntas. Hay escritores que cuestionan sobre su mundo para comprender la situación de las personas en él, el cómo se ven afectadas por situaciones que no eligen, pero que se convierten en existenciales. Esto es lo que hace Svletana Alexievich, una escritora especial porque, más que narrar, elige el tema y que sean otros quienes se expresen y lo expongan. Es de la estirpe de los John Hersey en “Hiroshima” o de Ryszard Kapusciński en “El Imperio”, de la de los escritores-periodistas que prefieren dar testimonio a los testigos anónimos protagonistas, que lucir y sentenciar que su verdad es más importante o la única válida. En el caso de “Los muchachos del zinc”, la bielorrusa se interesa por quienes fueron a Afganistán, país invadido por el ejército soviético en 1979, y sobrevivieron a la guerra que supuestamente no existía para el gobierno soviético, aunque sí para los afectados; lo cual deparaba la verdad oficial y la realidad sobre el terreno. A la autora le interesa desvelar esas dos posturas para recuperar la memoria de quienes fueron allí: los que no retornaron jamás y quienes regresaron cambiados, heridos no ya de cuerpo, sino en el alma. El resultado fue una polifonía que resultó incómoda para la versión oficial y, en un sistema como el soviético, lo incómodo para el poder no existía…

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...