Rock, fantasía, animación, desenfado, podría ser la suma que deparase Heavy Metal (Gerald Potterton, 1981) o, con anterioridad, la beattle Yellow Submarine (George Dunning, 1968), e igual de válida para resultar la canadiense Rock and Rule (Clive A. Smith, 1983), un film de dibujos animados que, entre sus mayores atractivos, también cuenta con la presencia de nombres propios de la música: Debbie Harry, la cantante de Blondie, Lou Reed, Iggy Pop o el grupo Cheap Trick, al que ya se escuchan dos canciones en la fantasía musical dirigida por Potterton. Pero, aparte, ¿qué tiene que cantar y contar? Su historia, ambientada en un mundo postapocalíptico, tiene un villano a batir y dos aspirantes a estrellas de rock, Angel y Omar, a quienes acompañan dos amigos que hacen las veces de comparsas. Omar asoma en la pantalla inaguantable, ególatra, mientras que Angel hace honor a su nombre, pero, no por ello, la chica se deja manejar ni secuestrar por el malvado de turno. La trama se inicia ambientándose en un mundo habitado por una especie mutante y anunciado que Mok, un legendario súper rockero se ha aislado para buscar una voz especial que le permita desbloquear su mundo de otras dimensiones y así traer la criatura que le permita sus propósitos megalómanos. Lo que ignora, porque, tras realizar cálculos, su computadora le dice que nadie podrá detenerle, es que ese cuarteto al que deja sin la cantante, tras secuestrar a Ángel, se lo impedirá. La cosa podría haber tenido gracia, supongo que la tuvo, aunque no para mí, y que en su momento llamó la atención de muchos entusiastas musicales y hoy, tal vez, la de mitómanos y adolescentes aunque muchos ya sean de edad adulta. Aparte de su promesa de rock, el film de Smith va de rebelde sin serlo, pues no da para mucha rebeldía los pasos comunes que va dando ni creer que los rockeros son rebeldes, más si cabe cuando la rebeldía en el rock se acabó cuando su sonido y sus formas se transformaron en fenómeno de masas y en producto estrella de la industria musical…
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...


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