Intento evitar las afirmaciones y negaciones categóricas, pero no siempre logro mi propósito y caigo en ellas, aunque dejando una pequeña rendija por donde puedan entrar las opciones que contradigan la establecida en tal o cual sentencia que exprese. Por ejemplo: es difícil darle a la música un “cuerpo y alma” que no sea la propia música; y en el cine es prácticamente imposible recrear su gestación. “Difícil” y “prácticamente” son esas rendijas, de modo que por ahí pueden colarse las ideas que me hagan replantear las propias. En este caso, la creencia de que cualquier película sobre compositores y cantantes tiene muchas papeletas para caer en el tópico; o ya si se trata de una como Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018), de rellenar cuarenta minutos de metraje con un calco de la actuación de Freddie Mercury en el “Live Aid” celebrado en 1985, en el estadio de Wembley, Londres. En todo caso, no hay (al menos no la recuerdo) una biografía cinematográfica de músicos a la altura de la música que crearon. Ni siquiera dos grandes todoterreno como Anthony Mann y Michael Curtiz dieron en el clavo con sus biopics sobre Glenn Miller y Cole Porter en Música y lágrimas (The Glenn Miller Story, 1954) y Noche y día (Night and Day, 1946), respectivamente. Tampoco Amadeus (1984), que no es una biografía, sino la ensoñación de una ilusión y una obsesión que Milos Forman recrea en la pantalla. Ni tampoco la prestigiosa Crónica de Anna Magdalena Bach (Chronik der Anna Magdalena Bach, 1967), de Danièle Huillet y Jean-Marie Straub, que recuerdo me gustó, aunque menos que El silencio antes de Bach (2007), de Pere Portabella, que ya escapa al biopic y a cualquier encasillamiento, igual que también lo hace la película de la pareja Huillet-Straub, que escapa de la dramatización convencional de tantos films de ficción que cuentan la “vida” y obra de músicos… Hay muchas más que las nombradas, dedicadas a Beethoven, Chopin, Mario Lanza, Edith Piaf, Maria Callas, Elvis Prestley, Lola Flores, Ray Charles, Chet Baker, Charlie Parker, Julio Iglesias, Jerry Lee Lewis, Tina Turner, Elton John, Verdi, Wagner y así hasta que uno se canse de ver biografías cinematográficas de hombres y mujeres protagonistas de la música, de quienes finalmente queda el recuerdo y el sonido de sus voces, de sus instrumentos o de sus partituras…
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...


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