El adiós a la gran pantalla de Buster Keaton, de los más grandes creadores del cine mudo, fue un homenaje al slapstick. También lo es la parte final del film, que desarrolla una persecución de cuadrigas digna de la comedia de golpe y porrazo silente. Por lo demás, la presencia de Keaton se queda en lo anecdótico; su personaje, despistado y trotamundos, apenas asoma en tres breves ocasiones. Lo mejor que se puede hacer para recordarlo, y disfrutar su genialidad, es volver a sus comedias mudas: inimitables, divertidas, creativas y atemporales, adjetivos que no puedo emplear para esta comedia producida por Melvin Frank, también coguionista, dirigida por Lester y con protagonismo exclusivo de Zero Mostel, quien, tras quince años apartando del cine —había sido incluido en la lista negra—, regresaba a la gran pantalla. Golfus de Roma (A Funny Thing Happened on the Way to the Forum, 1966) es un musical que se inicia en su cota más elevada. En ese instante suena su tema más conocido, además, en su primer visionado, el público todavía ignora qué vendrá. Esa ignorancia es promesa de fiesta, de desenfado, de absurdo, de crear una “Loquilandia romana” donde el humor y el ritmo se imponen, pero nada más lejos de las imágenes, diálogos y personajes que se dejan ver en la pantalla. El resto de Golfus de Roma es un descenso colorista, alocado y musical, que por momentos remonta el vuelo, para volver a descender y caer en un desequilibrio en el que destacan los decorados, la película fue filmada en los estudios que Samuel Bronston tenía en España, y la intención de Lester de hacer cinematográfico el absurdo musical basado en la pieza teatral escrita por Burt Shevelove y Larry Gelbart y con letras y música de Stephen Sondheim.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...


Comentarios
Publicar un comentario