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Destino Tokio (1943)


Un rasgo común a la mayoría de las producciones bélicas filmadas en Hollywood durante la Segunda Guerra Mundial fue el intento por plasmar la contienda desde el sacrificio y el heroísmo tanto de soldados como de oficiales norteamericanos que en ella participaban. De esta etapa pocos son las películas que no ensalzasen a aquellos hombres que luchaban contra el enemigo que se presentaba en la pantalla con la intención de someter al mundo, por lo que sería inusual (por no decir imposible) encontrar alegatos antibelicistas como los rodados en periodo de entre guerras, El gran desfile (The Big Parade, King Vidor, 1925), Alas (Wings, William A. Wellman, 1927), Sin novedad en el frente (All Quiet in the Westfront, Lewis Milestone, 1930) o Remordimiento (The Broken Lullaby, Ernst Lubitsch, 1932), o las propuestas más intimistas y crudas que se rodarían una vez concluida la contienda, Un paseo bajo el sol (A Walk in the Sun, Lewis Milestone, 1945) También somos seres humanos (The Story of G Joe, William A. Wellman, 1945), Fuego en la nieve (Battleground, William A. Wellman, 1949), entre tantas otras grandes aportaciones al género. Destino Tokio (Destination Tokyo, 1943) se filmó durante el conflicto bélico más sangriento del siglo XX, cuando el resultado de la contienda todavía era incierto y todavía quedaban muchas batallas por librar. Conscientes de la complejidad y fragilidad del momento, en Hollywood y en otros lugares del globo se rodaron películas de propaganda bélica que ensalzaban a grupos de soldados guiados por oficiales sin tacha que, más que líderes marciales, semejan padres comprensivos que atendían las necesidades de sus hombres por encima de cualquier otra cuestión.


El capitán Cassidy (
Cary Grant) es uno de estos oficiales ideales y se encuentra al mando del submarino que zarpa de puerto sin saber cuál es la misión que les ha obligado a partir en fechas navideñas, alejándoles del calor del hogar y de la familia, pero no es tiempo para quejas y sí para luchar y sacrificarse por esa libertad que se ve amenazada desde el bombardeo japonés a las islas Hawaii. Aquella fecha fatídica perdura en el recuerdo del pueblo y del alto mando estadounidense que ha puesto en marcha un plan de ataque, combinando a las fuerzas de la marina con la fuerza aérea. Pero dicho proyecto depende de la misión comandada por Cassidy, quien, tras veinticuatro horas en alta mar, abre las órdenes y descubre que su objetivo consiste en alcanzar la bahía de Tokio y permanecer en ella hasta que el teniente Raymond (John Ridgely) obtenga datos topográficos de la zona que posteriormente deben transmitir a los portaaviones desde donde partirá el ataque aéreo, el mismo que en 1944 Mervyn Leroy filmó en Treinta segundos sobre Tokio, (Thirty Seconds over Tokio, 1944) en la que se narra con minuciosidad y desde una única perspectiva el bombardeo sobre suelo japonés). Debido a su condición de misión suicida, la amenaza se aprecia en el interior de un submarino que no presenta el aspecto claustrofóbico de producciones posteriores, como sería el caso de El submarino (Das Boot, Wolfgang Petersen, 1981), quizá porque Delmer Daves, en su debut en la dirección, no trato de crear un ambiente opresivo sino un entorno donde se predominase el valor, la unión y la amistad de ese grupo que se presta a luchar sin condiciones, porque creen en lo que hacen y por qué lo hacen. Novatos imberbes como Tommy (Robert Hutton) o veteranos como Wolf (John Garfield), siempre hablando de mujeres salvo en los momentos de peligro, son ejemplos de hombres a imitar por aquellos que en la realidad estaban dispuestos a alistarse. De igual modo que Daves presenta héroes sin tacha, también muestra un enemigo traicionero, opuesto a la honestidad del soldado norteamericano, cuestión que se puntualiza cuando el piloto japonés que Mike (Tom Tully) intenta recoger del agua lo acuchilla por la espalda, una escena que remite al inesperado ataque realizado por la marina y la aviación japonesa a Pearl Harbor aquel siete de diciembre de 1941, una jornada que la tripulación del submarino siempre tiene presente.




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