Ir al contenido principal

Una noche en Casablanca (1946)



Si bien es cierto que Inicialmente Una noche en Casablanca iba a ser una sátira sobre el clásico de Michael Curtiz, dicha idea fue desechada antes de poner en marcha el proyecto, que nada tiene que ver con Casablanca, ya que cualquier película con los hermanos Marx de protagonistas no guarda parecido alguno con otra en la que no participasen, ya que su humor gamberro, surrealista y personal, convierte a todas sus comedias en originales e inimitables para quien no forme parte de la familia, pues casi siempre siguen un mismo patrón o seña de identidad que se descubre en aspectos como la imagen de los protagonistas (reconocible para el espectador), las escenas cómicas, siempre sembrando el caos, o la presencia de la pareja de enamorados a quienes ayudan para que pueden disfrutar de un amor que solo triunfará cuando se resuelva la situación que les afecta. De tal manera que cualquier parecido entre Groucho Marx y Humphrey Bogart sería pura coincidencia, de igual modo que cualquier semejanza entre Chico Marx y Paul Henreid resultaría una alucinación fruto del consumo de sustancias psicotrópicas, así como cualquier coincidencia física entre Harpo Marx e Ingrid Bergman pasaría por un chiste del primero. Quizá por estas extrañas no coincidencias resulta un tanto enigmático saber qué pasaría por la cabeza de Jack L.Warner cuando intentó boicotear el título del film de Archie L.Mayo, ya que cualquier parecido entre Una noche en Casablanca (A Night in Casablanca) y Casablanca solo se puede encontrar en el topónimo de la ciudad marroquí que ambas comparten en su título. Tras el fracaso de Tienda de locos (The Big Store) los hermanos Marx se retiraron durante cinco años, produciéndose su regreso a la gran pantalla con Una noche en Casablanca, comedia ambientada en un hotel donde se han producido tres extrañas muertes, anteriores a la llegada de Kornblow (Groucho Marx), el nuevo encargado del funcionamiento del establecimiento; menudo ojo han tenido los responsables al nombrar a éste estrambótico individuo como el gerente encargado de sacar adelante el negocio hotelero. Asistido por Corbuccio (Chico Marx) y por Rusty (Harpo Marx), Kornblow decide tomar cartas en un asunto concerniente a un tesoro que, supuestamente, ha sido escondido por los nazis cuando controlaban la zona, y que ha sido el causante de los homicidios de los tres gerentes que le precedieron. Los hermanos Marx no son los únicos que lo buscan (sin saber qué lo buscan), ya que Pfferman (Sig Rumann), agente nazi, también lo hace (consciente de hacerlo), aunque sin éxito, debido al buen trabajo del trío cómico a la hora de entorpecer sus intenciones, que pasan por eliminar al nuevo gerente, para de ese modo lograr el control del establecimiento y poder buscar con tranquilidad las joyas, cuadros y lingotes de oro que se esconden en la habitación secreta donde Harpo toca el arpa; mala costumbre la de este hermano (que se negaba a hablar), que rompe el ritmo de sus payasadas durante un instante que se eterniza. La película emplea una trama similar a las anteriores producciones en las que participaron los tres (de cinco) hermanos, así pues también se encuentran presentes los defectos y los aciertos de todas ellas, aunque eso sería lo de menos, ya que lo importante reside en ver como el trío se las arregla para desarreglar cuanto encuentran a su paso, haciendo alguna que otra pausa para que suenen esos números musicales, que suelen resultar algo cargantes, o para que se esboce una historia de amor que apenas importa en la trama, pues ésta también resulta superflua, ya que no sería más que una excusa para dar rienda suelta al humor del trío protagonista. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...