Como el día y la noche, el halcón y el lobo se acarician cada ocaso y cada amanecer, pero no pueden permanecer juntos. En ausencia, queda su recuerdo y su deseo se colorea brevemente de rojo y malva, de tonos anaranjados y ocres, de poesía colorista y luminosa que, captada por un iluminador virtuoso como Vittorio Storaro, se enciende o se apaga en claroscuros, según el despertar o el dormir que los separa. Como esas partes temporales de un solo tiempo, viven añorándose, viven en la fantasía de que, como día y noche, son amantes condenados a no poder amarse en plenitud en la luminosidad y la sombra. El joven pícaro es testigo del padecimiento de los enamorados, del sufrimiento que nace de no poder unir sus dos cuerpos, salvo en la memoria, condenados por un maleficio que no podrá deshacerse hasta el final del tiempo. Vidas errantes y condenadas que encuentran su consuelo en el recuerdo del roce de sus cuerpos, y su esperanza en la locura de un viejo monje que insiste que solo volverán a unirse cuando llegue un día sin su noche y una noche sin su día. Siempre juntos y eternamente separados. Pero ¿cuándo y dónde llegará ese día y noche sin su noche ni su día? En Lady halcón (Lady Hawke, Richard Donner, 1985), fantasía cinematográfica que se desarrolla en la época de los grandes señores feudales que, en cine y literatura, dominan sus tierras y sus gentes desde los salones de grandes castillos o ciudades fortaleza como Aquila...
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



1985 Lady Halcón tiene tanto de cine clásico y leyenda que siempre he quedado prendado de esta pieza de cine perdurable inextinguible, el amor cortes, los valores del héroe la poética de un mundo difícil, donde el mal esta pero puede ser vencido con la utilización del bien. Una idea que roza la incredulidad pero que los limpios de corazón añoramos todos los días. La edad media queda brillantemente narrada en una película que todavía recuerdo como un tesoro guardado en una caja por un niño que fui y el cual me gustaría ser en estos momentos.
ResponderEliminarUn verano caluroso pero amable, mi padre me había dado una tarea inmensa, cortar todo un cerco de pequeños pinos de dos metros, tenia que podarlos uno por uno, con una tijera vieja y una escalera, el calor me abrazaba en aquellos instantes de una manera esclavista, pero continuaba con mi tarea. En un momento tuve tanta sed que tuve que entrar a la casa de mis padres, al entrar y conseguir un gran vaso con agua helada, vi la televisión que siempre estaba prendida era algo enfermizo, pero así era mi padre dejaba la televisión continuamente prendida por más que él no estuviese.
Al pararme enfrente de aquel tuvo de formas vi que empezaba una película, “Lady Halcón” decía el título, serían las dos de la tarde y el enamoramiento fue instantáneo. Quede allí parado con sudor y mi tarea dejada atrás. Mi padre no estaba había salido. Así que solo aproveche par mirar aquel libro clásico, era todo lo que yo quería en aquel momento, ser un héroe, que la chica me amara y claro tener amigos que no me abandonasen.
Al terminar la película el sol había bajado bastante, pero yo estaba sentado en uno de los sillones de mi madre. De llores con unos zapatos deportivos gastados y un buso con un diseño deportivo de color blanco. Todo iba de maravilla, hasta que mi padre llego y al ver que no había terminado me reprendió y grito, me echo fuera para que terminase la tarea que me había encomendado. Así que mientras cortaba aquel cerco y la noche me atrapaba solo creía que era un héroe.
MARCELO LÓPEZ
Muchas gracias, Marcelo, por este recuerdo tuyo y por el modo tan sentido y espléndido de contarlo. Saludos
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