Tras su atractiva introducción, Sturges reparte el protagonismo de la aventura entre varios miembros del un grupo, que se coordinan y se vuelcan para lograr escapar. Todos y cada uno aportan la experiencia adquirida en anteriores intentos, de este modo se descubre que Danny (Charles Bronson) inicia su túnel número diecisiete, o que Blythe (Donald Pleasence) es un magnífico falsificador de documentos, aunque a punto de quedarse ciego; sin olvidarse de que antes de ponerse manos a la obra alguien como Hendley (James Garner) debe proporcionarles cuanto precisan. Solo Hilts (Steve McQueen) va por libre, su rebeldía y su inquebrantable deseo de fugarse le obligan a intentar una y otra vez una fuga que siempre termina en fracaso y con sus huesos en la celda de aislamiento, sin embargo no se desmorona y nunca abandona la idea de volver a intentarlo. Todo lo contrario le ocurre a Ives (Angus Lennie), su compañero de aislamiento, cuya violenta muerte lo convence para aceptar un rol vital para el éxito de la empresa común. La idea de escavar tres túneles resulta sorprendente, nunca antes habían realizado un trabajo que exigiera un esfuerzo que se incrementa a medida que se presentan más y más inconvenientes. ¿Cómo deshacerse de la tierra extraída sin que los guardias noten la diferencia de color? ¿De dónde sacar la madera suficiente para apuntalar los túneles? ¿O cómo Sedgwick (James Coburn) solucionará la falta de aire en el subsuelo? Bartlett es consciente de que el tiempo apremia y que tarde o temprano sus carceleros descubrirán sus intenciones y esa realidad le decide a cerrar Dick y Harry para centrarse en Tom. Para alcanzar su objetivo, John Sturges contó con un grupo de actores que consiguen conectar con el público, hasta el punto de que este sienta el deseo de colaborar en el éxito de la empresa, y dotó a la narración de un ritmo ágil y ameno que permite que las casi tres horas de duración fluyan sin apenas fisuras en su intención de entretener y buscar la complicidad del espectador, que contempla las vivencias de los personajes como si estas formasen parte de las suyas.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



Comentarios
Publicar un comentario