Ir al contenido principal

El mundo de Apu (1959)


El calcutense Satyajit Ray concluyó el ciclo de Apu con una película sincera, llena de sentimiento y de sensibilidad, un cierre perfecto para la experiencia vital que mostró desde la infancia de su protagonista hasta esa madurez en la que se reencuentra con un hijo que le necesita y a quien necesita para recuperar la esencia que ha perdido. El mundo de Apu (Apur Sansar, 1959) cierra con brillantez la magnífica trilogía que Ray, influenciado por el neorrealismo, realizó sobre un personaje que en esta entrega entra en la edad madura, con los problemas y decisiones que se presentan tras abandonar la infancia y la adolescencia. Apu Roy (Soumitra Chatterjee) ha concluido brillantemente el ciclo medio de ciencias, sin embargo no puede completar el grado superior porque no tiene dinero para pagar los costes de los estudios, como tampoco lo tiene para abonar el alquiler del cuarto donde vive. Apu no encuentra empleo en aquello para lo que se ha preparado, pero aún así no se plantea aceptar el puesto de oficinista que le sugiere su amigo Pulu (Swanpan Mukherjee), porque significaría abandonar su sueño de convertirse en escritor y ceder a un trabajo que no le llenaría. Sin responsabilidades familiares, Apu sobrevive impartiendo clases particulares, pero su situación económica le aprieta y le convence para tomarse un respiro, aceptando acompañar a Pulu hasta la casa de los tíos de éste; donde se celebra una boda que nunca llega a consumarse como consecuencia de la locura que ataca al novio instantes antes de la ceremonia. La anulación se considera una deshonra y de no celebrarse el enlace, según la superstición, una maldición caería sobre la familia; dicho motivo anima a Pulu a exponer a Apu la idea de que ocupe el puesto vacante; cuestión que el joven rechaza, aunque no tarda en cambiar de opinión, porque se convence de que sería una acción noble con la que ayudaría a la familia de su amigo. Apu y Aparna (Sharmila Tagore) son dos desconocidos que se ven por primera vez el día de su enlace, sin embargo, así son las costumbres y ella decide acompañarle a Calcuta, donde comienzan una vida en común llena de sacrificios, pero rebosante de amor y ternura. Los primeros momentos sirven para acercarse y descubrir, instantes que les permiten conocerse y comprobar los pequeños destalles personales que se convierten en los símbolos de un amor que nace y crece. Los gestos y las palabras de su esposa despiertan el amor que llena a Apu, el mismo que le convence para sacrificar parte de sus deseos al aceptar un trabajo del que antes huía, pero con el que puede ofrecer a su mujer algunas de las comodidades a las que estaría acostumbrada en el hogar paterno. Aparna prefiere sacrificar ese materialismo que no le llena y conseguir que su esposo le dedique más tiempo, de ese modo se convertirían en una verdadera unión; no obstante, Aparna y Apu se separan cuando la primera regresa a casa de sus padres, donde esperará, ansiosa, el nacimiento de su hijo y el reencuentro con su esposo. El mundo de Apu (Apur Sansar) posee la misma emotividad de sus predecesoras, y en ella se muestra como Apu encuentra el amor y como éste se pierde con la muerte de Aparna. En el interior de Apu se crea un vacío que le impulsa a vagar sin encontrarse, olvidando su pasión por la escritura y la figura de un hijo a quien culpa del hecho que cambia su vida. La existencia de Apu viene marcada por la constante presencia de la muerte, las personas más importantes desaparecen para dejarle en la soledad que le lleva a perder la esperanza, pero de igual modo, podría aceptar la presencia de otras que le proporcionasen una nueva oportunidad para reencontrarse. Apu ha perdido el rumbo que se había marcado, convertido en una sombra de aquel joven que vivía en la felicidad más absoluta cuando leía las cartas escritas por su amada esposa poco antes de dar a luz a su hijo o cuando hablaba de su novela, que no sería sino su biografía.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...