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El tesoro de Arne (1919)



Después de cuatro años de guerra mundial, la neutralidad sueca había posicionado a su cine entre las cinematografías punteras. De hecho, su creatividad desbordaba y sorprendía y la técnica estaba al servicio de la poesía de la imagen, de los personajes y de la historia a contar. Pero la importancia del paisaje cobra especial relevancia, como se aprecia en
Terge Vigen (1917) o Los proscritos (1919), ambas de Victor Sjöström, y en la práctica totalidad de El tesoro de Arne (
Herr Arnes Pengar, 1919), cuyos exteriores siempre permanecen helados, convertidos en una enorme prisión de hielo para los personajes, tanto los mercenarios escoceses que aguardan el deshielo para regresar a Escocía como Esalill, la joven protagonista de la tragedia narrada por un Mauritz Stiller en plenitud creativa. La historia cinematográfica de Esalill (Mary Johnson) y Sir Archi (Richard Lund) tiene su origen literario en la novela de Selma Lagerlöf, una escritora fundamental en el auge tanto de la literatura sueca como de su cine, y se inicia en un invierno como el que no se recuerda azota la península escandinava; las tormentas de nieve asolan el país y los hielos cubren los mares que lo bañan; las inclemencias climáticas parecen un presagio de la imposibilidad que se narrará a continuación y que se contextualiza dentro de un periodo real (siglo XVI), dentro del cual, el rey Juan III de Suecia descubre una conspiración entre los mercenarios escoceses que ha enrolado en su ejército. El monarca ordena expulsar a los soldados y encarcelar a sus líderes, pero tres de esos oficiales escoceses: Sir Archi, Sir Flip (Erik Stocklassa) y Sir Donald (Bror Berger) logran fugarse, y se hacen pasar por curtidores para no llamar la atención hasta que puedan regresar a Escocia. Así comienza El tesoro de Arne, una tragedia desarrollada en cinco actos que presenta la imposibilidad de un amor amenazado por el magnicidio que cometen los tres escoceses en el hogar de Arne (Hjalmar Selander). El primer acto presenta a los verdugos del crimen que se produce en la segunda parte, donde se muestra a las víctimas y a Torarin (Axel Nilsson), un pescador que se detiene en la casa de Arne antes de producirse el crimen; allí, en el interior de esas paredes de piedra, se guarda el cofre lleno de monedas de plata que da título a la película, pero que resulta prescindible en cuanto al desarrollo significativo del film de Stiller. Durante la cena, la señora Arne (Concordia Selander) tiene unas visiones que preocupan al pescador; sus inquietudes crecen cuando llega al pueblo vecino y no tardan en materializarse en un fuego descontrolado que devora la vivienda en la que le habían acogido momentos antes. Dominados por la curiosidad y por el pánico, los habitantes de la villa se acercan a comprobar qué ha sucedido, descubriendo que todos menos la joven Elsalill, todavía escondida cuando llegan, han sido asesinados. El tercer acto o el destino ideado por la escritora Selma Lagerdöf conduce a los asesinos a la isla en la que habita Torarin y a la que ha llevado a la superviviente, de quien se apiada y a quien pretende cuidar para que recupere sus ansias de vivir. La aparición de los tres escoceses en la isla se produce como consecuencia de su intención de regresar a Escocia tan pronto como los hielos se rompan y permitan el deshielo de las aguas en la que los barcos se encuentran atrapados. El periodo de espera acerca a Sir Archi, el asesino, y a Elsalill, la víctima, sin que ésta conozca la identidad del hombre del que se enamora. Durante el cuarto acto Elsalill sueña con el espectro de su hermana, el cual le guía hasta el lugar donde se desvelará, cuando despierte, una verdad que le condena a una desesperación mayor de la que ya sufría, pues el hombre a quien ama es el mismo a quien odia. Este pasaje interioriza en los dos amantes, mostrando como ambos jóvenes sufren conscientes de que existe una barrera que les separa irremediablemente; Sir Archi desespera, no sabe cómo expiar su culpa y confesar a su amada el terrible crimen que ha cometido, mientras, la joven se debate entre protegerle o denunciarle para que pague por unos actos que han destrozado su vida. Mauritz Stiller, pionero del cine mudo sueco, enfocó el último acto desde la imposibilidad de un amor que no puede existir, atrapando a sus protagonistas dentro de un paraje helado donde la tragedia se cierne sobre ellos; ya que Elsalill no puede perdonar, y Sir Archi antepone su libertad al amor, utilizando como rehén a quien dice amar. El tesoro de Arne resulta un film emocional, donde la desesperación del criminal y de la joven pueden con ese sentimiento que nace mientras esperan a que el hielo se derrita, hecho que al no producirse se convierte en la certeza de que sus sentimientos no pueden vencer a la fría e inhóspita realidad en la que se encuentran.

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