En la sombra de una habitación cae muerto un hombre que ha sido apaleado por un personaje a quien no se ha visto el rostro. Así de contundente es el inicio de una más que excelente muestra del cine negro americano de la década de 1940 en la que se presenta a personajes oscuros y complejos que acaban de regresar de una guerra que les ha mantenido alejados de sus hogares durante años. Son seres desconfiados, dominados por sus miedos y por sus reproches cuando regresan a la sociedad de la que han estado alejados. Este acercamiento les crea un conflicto interno que en algunos casos llega a convertirse en un odio irracional, consecuencia de las frustraciones, temores y de la ignorancia en la que se escudan y con la que justifican unos actos censurables. Sin lugar a dudas, Encrucijada de Odios (Crossfire, 1947) se encuentra entre lo mejor de Edward Dmytryk, cuya filmografía resulta más que interesante, aunque parte de la misma haya sido olvidada, como sucede con la de otros buenos cineastas de un Hollywood ya inexistente, donde se realizaban magníficas películas como esta tensa intriga que se vuelve claustrofóbica gracias a la excelente fotografía en blanco y negro de J. Roy Hunt, la cual transmite la atmósfera de desesperación y tensión que atrapa desde su primer minuto tanto a los personajes como al espectador. Además, cabe destacar la puesta en imágenes de Dmytryk, que parte del guión de John Paxton, que a su vez adaptaba una novela del también director Richard Brooks. El film nos adentra por un paisaje nocturno habitado por individuos desarraigados, perdedores y, a menudo, amenazantes. Las interpretaciones están a la altura, todos y cada uno de los protagonistas recrean a unos individuos con personalidad propia y con un fondo que, aunque se conozca, sí se intuye. Por otra parte, cabe destacar el uso que Dmytryk hizo de los retrocesos temporales, narrados desde el punto de vista de los implicados a quienes interroga el policía encargado del caso, lo cual aporta la información necesaria para la comprensión de la trama, pero sin llegar a desvelar la intriga que se mantiene hasta la conclusión de Encrucijada de odios, una magnífica muestra de cine negro, opresiva y turbadora que no deja indiferente y que muestra el regreso a la sociedad de seres que no logran acomodarse dentro de la misma porque se encuentran desorientados tras su regreso del frente.
Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y que es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el barroquismo formal de Snyder , quien parece sentir...


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