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El gran carnaval (1951)



Cameron Crowe: En tiempos de cultura del sensacionalismo, El gran carnaval resulta más actual que nunca. ¿Le divierte ver cómo se ha mantenido esta película?

Billy Wilder: Sí, es muy gracioso, la verdad. Fue un fracaso absoluto. Fue... No sé. Cambié de opinión sobre el público. En mi opinión, si uno hace algo muy bueno, el público capta la esencia, entiende de qué trata, de qué trata verdaderamente. Pero en aquel momento nadie le dio una oportunidad.

(Conversaciones con Billy Wilder; Cameron Crowe, 1999)


Incomprendida en su momento, o, mejor, decir que se trató de una película incómoda para su época, quizá para cualquier época, 
El gran carnaval (Ace in the Hole, 1951) fue y es una de las críticas más contundentes de un realizador lúcido y sin pelos en la lengua, un cineasta que en este largometraje puso de manifiesto una realidad corrupta y mejorable —cuidado que también puede empeorar, quizá ya lo haya hecho desde entonces—, cuestionando el poder de los medios de comunicación y cómo este poder es empleado para atraer la atención de las masas, lo que provoca que en el film no haya espacio para el humor característico de Wilder (aunque en ocasiones aparece de manera aislada) y sí para la amoralidad y la ausencia de escrúpulos que caracterizan a la mujer fatal, que actúa para su beneficio sin importarle los sentimientos de la víctima (su marido), y al periodista que pone en marcha una farsa que le permite alcanzar su objetivo de regresar a las primeras páginas de actualidad, a pesar de que esto implique poner en peligro la vida de un inocente que confía en él para salir de una situación límite. Pero ¿hasta dónde están dispuestos a llegar para lograr sus metas? ¿Los medios justifican el fin?


El personaje interpretado por Kirk Douglas lo tiene claro, él quiere regresar a donde pertenece y de donde lo han echado, por ese motivo no duda en servirse de un hombre que se encuentra sepultado bajo escombros de piedra y polvo. El reportero sabe que hay un método más rápido para sacarlo de allí, pero convence a los implicados en el rescate de que es mejor utilizar otro procedimiento, uno que les conceda varios días más, porque así todos saldrán ganando. Un sheriff corrupto, una esposa que desea abandonar a su marido y conseguir un nivel de vida mejor, un jefe de obras que no se atreve a discutir la decisión que se ha tomado, a pesar de ser consciente de que es la peor de las opciones, completan un universo de seres sin escrúpulos que priorizan sus intereses por encima de la vida de un ser humano a quien convierten en noticia y en víctima de sus ambiciones.


En Primera plana (The Front Page, 1974), Billy Wilder volvería sobre el tema, aunque en aquella ocasión lo haría en forma de comedia, sin embargo, El gran carnaval se aproxima y mira el ámbito periodístico de modo más descarnado, porque muestra sin filtros y sin desviar su mirada a individuos capaces de mentir y arriesgar la seguridad de otros para crear noticias de la nada, y con ello influenciar a las masas que, dejándose arrastrar por su curiosidad morbosa e incapacidad crítica, acuden al lugar del siniestro, como abejas a la miel —seducidas por el sensacionalismo y sentimentalismo empleados por el periodista. De esa forma, un lugar anteriormente desierto se convierte en un hervidero de curiosos y en una gran atracción turística. Y de tal manera, a este desolado paraje llegan empresarios de poca monta, que huelen el negocio y el lucro, —un circo, atracciones para niños, vendedores ambulantes— y más medios —prensa nacional, radio y televisión. Los verdaderos beneficiados de este tinglado circense son los anteriormente señalados: Tatum quien está a punto de recibir una suculenta oferta para regresar a su anterior trabajo; el sheriff quien aparece en los reportajes como un héroe preocupado —cuando no es más que mera fachada inventada por el periodista para poder tener la exclusiva—, o la mujer, que ve como el, antaño, triste negocio se convierte en un hervidero de clientes y en una mina de oro. Y todo este negocio es posible gracias a que Tatum encontró su as en el agujero.

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