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¡Ahí está el detalle! (1940)


Durante el juicio que se celebra al final de ¡Ahí está el detalle! (1940) el fiscal le pregunta al acusado <<¿Cuál es su gracia?>> <<La facilidad de palabra>>, responde el presunto homicida, pues ahí está el detalle, en su elocuencia a la hora de crear un enredo tan divertido como el desarrollado en este clásico del cine mexicano dirigido por Juan Bustillo Oro, e interpretado por el cómico más carismático de la cinematografía azteca. En esta comedia, la mejor de su filmografía, Mario Moreno "Cantinflas" dio vida a un vago sin cura, defensor del gorroneo a capa y espada, como demuestra su relación con la cocina en la que trabaja su novia Pacita (Dolores Camarillo), quien, más que su media naranja, parece ser su proveedora de coñac, de alimentos y de algún que otro puro de los que fuma Cayetano Lastre (Joaquín Pardavé), el dueño de la casa y un celoso incorregible que pretende atrapar a su mujer cometiendo un adulterio que solo existe en su imaginación. El enredo se inicia con la confusión que produce el hombre que aguarda en la sombra, el mismo con quien Cantinflas se tropieza antes de entrar en su amada cocina, lo que genera la creencia de que el vago se equivoca de objetivo cuando acepta de mala gana, pero con mucho apetito, disparar sobre Bobby, el foxterrier rabioso que no permite que el señor de la casa pueda salir de ella para llevar a cabo su plan. De este modo parece que el vividor profesional dispara sobre otro Bobby, "el lechuga", también conocido como el Fox-Terrier (Antonio Bravo) por lo mucho que muerde a la hora de estafar; y eso es lo que pretende, chantajear a su antigua novia, conocida por Dolores del Paso de Lastre (Sonia Alvárez) y de estado civil casada con un Otelo incapaz de dejar de creerse un cornudo. El detalle reside en que Bobby, el humano, posee unas cartas sin fechar que podrían comprometer a Dolores, por eso ella se muestra ansiosa a la espera de que su marido abandone la casa y pueda aprovechar su ausencia para llegar a un acuerdo que le permita recuperar las letras que escribió en el pasado. Para complicar la trama, Cayetano regresa con la policía al poco de salir de su hogar, y a quien se encuentran no es a su mujer en pleno acto delictivo, sino a Cantinflas pimplando de una botella de coñac mientras se fuma un excelente puro que no le pertenece, al menos no hasta que lo colocó entre sus labios. La primera reacción de Cayetano es de (simpática) violencia, decidido a acabar con el presunto amante, quien no entiende lo que sucede, ya sea por la sobredosis de coñac o por las palabras de un tipo que dice ser su marido. Así pues, llegado el momento, lo mejor que puede hacer el héroe es emplear su facilidad de palabra, que en lugar de sacarle del aprieto, saca las risas al espectador que no puede negar que ese tipo tiene algo especial. Poco después, cuando Dolores confiesa a su marido que Cantinflas es su hermano Leonardo, los temores de Cayetano se desvanecen, dando paso a una dicha que se justifica en la presencia de ese familiar desaparecido que permitirá que, por fin, se reparta la herencia del difunto Leonardo del Paso (ni el falso, ni el verdadero, sino el padre fallecido). La treta de Dolores para escurrir el bulto y no confesar a su marido la verdad, ofrece a Cantinflas la oportunidad de tener un padre, un cuñado y un hermano en la figura de Cayetano, sin olvidar que también se ha ofrecido como marido. Este le colma de atenciones, por interés, claro está, cuestión que el nuevo miembro de la familia aprovecha para abrazar a la señora de la casa, gorronear a sus anchas y aclarar varios puntos a Pacita, como la nueva diferencia social que existe entre ambos. El humor es el protagonista absoluto de está excelente comedia en la que todos los personajes son tan interesados como el propio Cantinflas, ya que actúan desde sus intereses y sin detenerse a pensar en el alcance de los engaños y mentiras que utilizan con para verlos realizados, lo que convierte al pobre Cantinflas en la víctima de un enredo que le fuerza a contraer nupcias con Clotilde Regalado (Sara García) (a quien no quiere ni regalada), la no esposa del verdadero Leonardo del Paso. Cuando Clotilde se presenta en la casa del industrial tiene muy claro que se ha presentado su oportunidad para casarse, lo de menos es quien pueda ser su víctima; pero no llega sola, la acompañan sus siete hijos gorrones y el bebé que seguramente imitará a sus hermanos mayores. Por suerte para el futuro esposo, la policía le detienen in extremis por el asesinato de El Fox-Terirer, acusación que no niega, ya que se trataba de un perro rabioso. El éxito de ¡Ahí está el detalle! fue tal, que once años después se realizó una nueva versión: Vivillo desde chiquillo, protagonizada por la pareja cómica formada por Manuel Palacios “Manolín” Estanislao Schillinsky, que, aunque entretenida, no alcanza el nivel de la original, posiblemente porque no contaron con la facilidad de palabra de Cantinflas, y ahí está el detalle.


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