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El honor del capitán Lex (1952)


Cinco hechos puntuales ocupan los primeros quince minutos de El honor del capitán Lex (Springfield Rifle, 1952), y sirven para sintetizar a la perfección las personalidades y las situaciones que ocuparán el resto del film de Andre de Toth. En un primer momento se presencia la breve reunión que mantienen dos oficiales de alta graduación; en la sala se debate sobre la necesidad de evitar los constantes robos de caballos adquiridos por el ejército (vitales para el desarrollo de la guerra), pero también se desvela que un espía se ha infiltrado en el fuerte encargado de la compra de las monturas. El coronel Sharp (Wilton Graff), uno de los dos oficiales, se  traslada hasta el lugar de los hechos para informar al jefe del puesto, el coronel John Hudson (Paul Kelly), de la imposibilidad de enviar más efectivos para capturar a unos cuatreros que siempre conocen las rutas empleadas para el trasporte de las manadas. Expuesto el problema, sólo falta presentar al oficial que debe ser repudiado por los suyos y aceptado por el enemigo, un héroe como el sacrificado capitán Lex Kearney (Gary Cooper), cuya misión de conducir una manada se ve frustrada por la aparición de los bandidos. La inferioridad numérica le aconseja la retirada, lo que provoca el enfrentamiento con el teniente Tennick (Philip Carey), que deriva en el consejo de guerra donde se le declara culpable de cobardía frente al enemigo. La expulsión del capitán Lex  resulta deshonrosa, injuriado al marcarle la ropa con una franja de pintura amarilla que le señala como indeseable en cualquier espacio militar. Su trágica salida lastra una serie de problemas personales que debe aparcar, porque se encuentra obligado a permanecer en el pueblo, consciente
 de que el único modo de limpiar su nombre consiste en encontrar al topo que se hace pasar por un soldado de la Unión. La presentación de El honor del capitán Lex es de ritmo veloz e intenso, como también lo es el desarrollo de la intriga que gira alrededor de la existencia de ese espía al que Lex debe atrapar; pero antes tendrá que superar su conflicto con el teniente Tennick (quien le encarcela tras una disputa provocada por el militar) o convencer a McCoold (David Brian), el jefe de los cuatreros, para que le acepte entre los suyos, hecho que le permitiría descubrir las rutas que utilizan los bandidos para contactar con los confederados que compran el ganado robado. Otro de los muchos problemas que afectan a Lex Kearney surge cuando su esposa (Phyllis Taxter) le informa de la desaparición de su hijo, avergonzado por la supuesta cobardía y conducta deshonrosa de su padre. Lex no cuenta con la colaboración de nadie, sin embargo, parece que en todo momento sabe lo que debe hacer, quizá porque es consciente de lo que se juega, algo más que ese honor al que se refiere el título (con el que se estrenó en España), su deseo de que la guerra finalice lo antes posible. El planteamiento realizado por Andre de Toth mezcla características del western con aspectos del cine de intriga, al plantear una trama en la que el espionaje y el contraespionaje juegan un papel de suma importancia para el desenlace de una película que destaca por su rapidez expositiva, cercana en planteamiento a algunos films de serie B.

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