Ir al contenido principal

Night Editor (1946)

El inicio de Night Editor presenta a un joven (Coulter Irwin) que se muestra turbado (quizá por un abuso excesivo de alcohol) y desesperado, como si su vida estuviese a punto de irse a pique, algo que todos los presentes en la sala del periódico parecen saber, pero no dicen nada sobre el asunto y continúan con su partida de poker; sin embargo, uno de ellos, Crane (Charles D.Brown), se decide a contar una historia que, supuestamente, no va dirigida a nadie en particular, pero con la que pretendería ayudar a ese joven que se ha derrumbado sobre la mesa de su escritorio. Night Editor no puede ocultar su carácter moralista, que encierra una enseñanza para Johnny, o para el público que observa como el film regresa al pasado para enfocar a un policía obsesionado con su trabajo. Tony Cochrane (William Gargen) es un detective cuya vida personal se desmorona a pesar de que Martha (Jeff Donnell) le ame y su hijo (Robert Kellard) le adore. Los problemas de este hombre se descubre cuando recoge a Jill Merrill (Janis Carter), evidentemente su amante, con quien se acerca hasta una playa donde pretendería finalizar con la infidelidad que le atormenta; pero eso sólo sería el principio de su desgracia. Cercano a su automóvil, Tony y Jill descubren como un hombre golpea a una mujer hasta dejarla sin vida; el extraño huye consciente de que le han visto. Cochrane duda, no sabe qué hacer; para un policía sin problemas la reacción sería clara, no obstante, él los tiene, pero por un momento parece decidido a perseguir al asesino, aunque no tarda en cambiar de parecer cuando Jill plantea el cómo explicaría su infidelidad. El miedo puede con su condición de policía, decidiendo que sean otros los que atrapen al homicida. Desde ese instante, se le nota tenso, consciente de que su presencia en el lugar de los hechos puede ser descubierta sino se deshace de cualquier prueba que le relacione con el crimen; de ese modo, borra las marcas de los neumáticos en la arena, como también decide cambiarlos en la oscuridad de su garaje para que nadie pueda observarle, aunque es sorprendido por Martha, a quien rechaza porque moralmente se encuentra sucio. Tras presentar a los hechos, Henry Levin devolvió la acción al presente, como haría en una ocasión posterior (a parte del final), para dividir de ese modo el film en tres partes: presentación de los hechos, investigación policial y la lucha a contrarreloj de Cochrane por reunir pruebas contra el verdadero asesino. Sin más pormenores, se produce el segundo flash-back, dentro del cual se desarrolla la investigación policial, la misma en la que participa Tony Cochrane, y en la que no se tarda en encontrar a un sospechoso al que se le declara culpable. El policía sufre un intenso enfrentamiento moral; no puede confesar que ha ocultado su presencia en el lugar del crimen, pero tampoco puede permitir que manden a la muerte a un inocente. Los hechos le superan cuando descubre que Jill no colaborará; se muestra caprichosa, fría y sin escrúpulos, incluso le dice que no haga nada, que deje que ejecuten al inocente, un don nadie a quien nadie extrañaría. Tony es consciente de su situación, sabe que es demasiado tarde para echarse atrás y confesar su falta, aunque siente la necesidad moral de atrapar al verdadero asesino. En el tercer flash-back se muestran los esfuerzos del detective para reunir pruebas que incriminen al culpable: Douglas Loring (Frank Wilcox), un banquero que se ha convertido en el nuevo amante de Jill; sin embargo, todo juega en contra del policía, pues cuando reúne la pruebas necesarias Jill miente, sirviendo de coartada para su nuevo juguete. La tensión que mana de Night Editor la convierte en una de esas pequeñas joyas del cine negro de serie B, que quizá se resiente en su parte final, cuando por última vez el film regresa al presente y se observa a un muchacho que se ha replanteado su vida en apenas un instante, pero sobre todo porque se descubre otro final, que traiciona la sensación de perdición que rodeaba a Cochrane.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...