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Un paseo bajo el sol (1945)


Un paseo es lo que les aguarda tras el desembarco, solo un paseo bajo el sol italiano en busca de una granja que dista ocho kilómetros de la playa; un paseo que el soldado Windy (
John Ireland) escribe en su mente y pronuncia en voz alta, para luego plasmarlo sobre el papel que enviará a su hermana. Este personaje abre y cierra el film, redactando cartas personales que, más allá de su supuesta destinataria, permiten al público comprender su pensamiento y el de sus compañeros. Un paseo bajo el sol (A Walk in the Sun, 1945) carece de grandes combates, no los necesita. La lucha se desata en el interior de cada uno de los miembros del pelotón que camina los ocho mil interminables metros en busca de ese objetivo que ignoran para qué ha de ser tomado. Lewis Milestone se basó en un guión de Robert Rossen (adaptado de la novela de Harry Brown) para mostrar cómo la guerra afecta a los soldados que luchan en un frente que merma su resistencia. En dicho frente son testigos de las muertes de sus compañeros mientras solo pueden decir que “nadie muere”, conscientes de que esta no es la realidad que les rodea y afecta, pero también son conscientes de que deben continuar hasta que llegue su turno de caer o de regresar a un hogar lejano, tanto en el tiempo como en el espacio que les separa de casa. Antes del desembarco, en la nocturnidad, el pelotón sufre la primera baja dentro de la lancha que transporta a los hombres hasta la playa de Salerno donde poco después desembarcan. La mayor parte del tiempo los soldados intuyen el combate; aunque no lo observan, saben que está ahí, acechando en algún lugar del camino. Según sus palabras, nunca se ve. Siempre hablan, sobre todo los soldados Rivera (Richard Conte) y Friedman (George Tyne), dos hombres que pretenden alejar sus preocupaciones entre pitillos y comentarios irónicos sobre la situación que les rodea. El inicio de Un paseo bajo el sol presenta las características personales de los miembros de un pelotón que se han ido conociendo combate tras combate, en Túnez o en Sicilia. Esta cuestión confirma la estrecha relación que los une, pero también apunta el cansancio físico y vital generado por la contienda, el mismo que se agudiza en el sargento Porter (Herbert Rudley), sumiéndole en una ansiedad que le imposibilita continuar al frente del grupo -circunstancia que la voz en off dejó entrever cuando presentó al personaje-. A lo largo de los kilómetros el grupo se ve reducido como consecuencia de pequeños ataques aislados, pero el paseo se encuentra a punto de finalizar, quizá si toman la granja la guerra termine o quizá deban continuar combatiendo hasta alcanzar el Tibet. Sea como fuere, entre ellos y el hogar se encuentra esa casa en cuyo interior aguarda el enemigo. El sargento Tyne (Dana Andrews) ha asumido el mando y se encuentra con la responsabilidad de tomar una plaza en la que pueden caer muchos de sus hombres; la presión, el miedo, el cansancio y los nervios le dominan, como también dominan al resto de sus compañeros. Su mente debe serenarse, pero sus pensamientos y su vista parecen decir lo contrario, sin embargo, el paseo ha llegado a su fin, y ante ellos se encuentra un paso más hacia casa, el único paseo que todos desean andar.

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