Capaz de captar el interés del público desde los títulos de crédito iniciales de sus películas, Alfred Hitchcock jugaba con el espectador al tiempo que le ofrecía la posibilidad de disfrutar con tramas en las que guiaba y desviaba su atención, a la espera de introducir sus obsesiones, gustos y fobias, su humor negro y otras intenciones, con giros argumentales o sorpresas como las que introduce en determinados instantes de Psicosis (Psycho, 1960). En sus conversaciones con François Truffaut, el cineasta británico comentó a propósito de esto que <<la construcción de esta película es muy interesante y es mi experiencia más apasionante como juego con el público. Con Psicosis, dirigía a los espectadores, exactamente igual que si tocara el órgano>>, quizá esta frase explique por qué Psicosis es uno de sus largometrajes más populares e inesperados, en cuanto a su desarrollo, y más sorprendentes en su tramo final, pero las palabras del realizador inglés no aluden a la ruptura narrativa que el “juego” propuesto significó con respecto al supuesto clasicismo de sus anteriores títulos. Más inquietante, atrevida y oscura (de ahí su elección del blanco y negro de su fotografía), Hitchcock alargó de forma deliberada la introducción y su voyeurismo, el del público y el de la cámara que se cuela en la habitación del hotel donde Marion (Janet Leigh) y Sam (John Gavin) acaban de mantener relaciones sexuales; tras las cuales discuten sobre su presente compartido y ocultado. Avanzado el metraje, el voyerismo, constante en su filmografía, se explicitará sin disimulo en otra habitación, cuando Norman Bates (Anthony Perkins) observa a esa misma mujer desnudarse inconsciente de ser observada.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




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