domingo, 21 de agosto de 2011

Sin novedad en el frente (1930)

Algunos ilusos creemos que el sistema educativo es (o debería ser) uno de los pilares básicos en la formación de mentes ricas, creativas e independientes en su interpretación del presente, sin adoctrinamiento y sin condicionamientos impuestos por los intereses que no contemplan al individuo como protagonista de su educación. Por desgracia, no siempre se logra una educación plural, positiva y tolerante, que fomente las capacidades individuales del alumnado, lejos de prejuicios y manipulaciones. Quizá la culpa la tengamos todos, porque todos formamos la sociedad en la que vivimos, pero, más allá de buscar culpables, en ocasiones, la escuela ha sido empleada como medio para propagar ideas que nada tienen que ver con la formación del individuo pensante, más aún, son ideas que minan la capacidad crítico-reflexiva del alumnado. Esto queda claro en la espléndida novela de Erich Maria Remarque (basada en sus experiencias en el frente) y en la no menos valiosa versión cinematográfica de la misma que Lewis Milestone rodó en 1930. En ambas se observa la manipulación sufrida por los jóvenes que, asumiendo como absolutas las palabras de su maestro, lucharán y morirán en el frente occidental durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). La apertura de Sin novedad en el frente (All Quiet on the Western Front, 1930) se produce en una escuela, lugar que representa el futuro de la nación, donde se educa y prepara a las nuevas generaciones que algún día asumirán el destino de la sociedad. Sin embargo, puede que ese futuro nunca llegue para los alumnos a quienes el profesor arenga con un discurso que exalta su idea de patriotismo, equivocada y desmesurada, alabando la grandeza que conlleva luchar por su país en una guerra que asegura rápida, sin apenas bajas. La intención del maestro es evidente, aunque no para sus jóvenes pupilos: desea que se alisten en el ejército y participen en la Gran Guerra sin importar la verdadera dimensión de una decisión que ya no pertenece a los alumnos. La clase sucumbe ante palabras emitidas para provocar la falsa ilusión y el engañoso sueño de grandeza entre imberbes que desconocen el verdadero significado de la guerra,una verdad que los muchachos entreven a su llegada al campo de entrenamiento, donde empiezan a comprender que se han precipitado, incluso equivocado. La gloria en el frente no existe, un descubrimiento duro y cruel que se desvela desde que pisan el campo de batalla. Los compañeros caen, la muerte y el hambre son constantes que no tardan en cambiar la actitud de aquellos ilusos, ahora convertidos en cadáveres o en veteranos desilusionados, que no alcanzan a comprender por qué luchan y mueren. Sin novedad en el frente es uno de los primeros films sonoros antibelicistas y una de las mejores producciones que, desde el género bélico, expone y reflexiona sobre el desastre que significa una contienda armada como la expuesta por Lewis Milestone, que supo sacar partido a la cruda y directa novela que Erich Maria Remarque escribió tras su experiencia en el frente. Tanto en la obra literaria como en la cinematográfica se presenta la inutilidad y el sinsentido de una guerra que se escuda tras el falso patriotismo que no tiene cabida en las trincheras, donde tampoco tienen cabida ni los mandatarios ni los generales que envían a sus subordinados a una muerte inútil, en lugar de resolver sus diferencias con sus homólogos vecinos (como dicen los soldados cuando se plantean el por qué), siendo señalados como los responsables del conflicto, como también lo son los empresarios que intuyen el sustancioso beneficio que les reporta el enfrentamiento armado, aunque este signifique un alto precio para la patria que dicen defender y para las vidas e ilusiones de los miles de jóvenes que nada tienen que reprochar a un enemigo que no conocen. El sufrimiento que padecen en las trincheras marca el comportamiento de unos soldados hambrientos y asustados, muchachos que se alegran de seguir con vida, porque cuentan con un día más para respirar. La amistad entre los soldados, eje fundamental sobre el que se apoyan, es efímera, el tiempo que se les concede se encuentra limitado por cada ataque, donde muchos hombres sin futuro dejan sus vidas o parte de sí mismos. El desarrollo de Sin novedad en el frente se plantea desde aquella sala de la escuela, donde un grupo de jóvenes alemanes acepta alistarse por la grandeza que encuentran en las palabras de un maestro que se equivoca (consciente o no) en la exposición de la realidad, desde una falsedad que alienta en sus jóvenes pupilos la elección que les conduce hasta el campo de entrenamiento y posteriormente al frente occidental, donde no existe novedad, porque nunca se altera la presencia de la muerte, del dolor y de la desesperación. Todo está tranquilo en el frente occidental, porque no ocurre nada “excepcional”, tan sólo la pérdida inútil de esperanza, inocencia y vidas humanas, que se justifica en una mala interpretación del significado de la palabra patria.

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