Si algo puedo decir que sea evidente sobre Iván Zulueta y sus películas (las que he visto suyas) es que ninguna puede acusarse de típica; todo lo contrario. Arrebato (1979), su segundo y último largometraje —el primero fue Un, dos, tres… al escondite inglés (1969), producido por José Luis Borau en el que Zulueta asumió labores de dirección sin contar con la aprobación sindical; no había concluido sus estudios de cinematografía ni poseía el carnet del sindicato, por lo que no pudo acreditarse en la realización— es el mejor ejemplo de ese saltarse lo convencional y alcanzar un grado de locura audiovisual, pero no es la única muestra de esa enajenación cinematográfica única en el cine español que fue Zulueta. Párpados (1989) es otra muestra de su ruptura, de crear algo distinto, rebelde, personal,… Claro que por su empeño en ser suyo y para sí, no de otros y para otros, por no tratarse de una pose de modernidad, sino de intenciones audiovisuales que remitían a su gusto y a su pasión por el cine, el de Zulueta no llegó a triunfar ni a ser popular, aunque cuente con la admiración de una minoría suficientemente amplia para que se le considere un “director de culto”, tal vez, para algunos, aunque no sea mi caso, un genio cinematográfico. Pero todo le salió torcido, es decir, torcido para el gusto comercial. Así que después de realizar su Arrebato hubo de esperar una década para volver a ponerse tras las cámaras. Lo hizo en la serie de Televisión Española Delirios de amor, compuesta por trece historias urbanas, independientes entre sí, de media hora de duración cada una, y rodadas por Zulueta, Emma Cohen, Luis Eduardo Aute, que también se encargó del diseño de la cabecera, Gonzalo García Pelayo, Félix Rotaeta, Eva Lesmes, Imanol Arias, Mocho Alpuente, Javier Memba, Adolfo Arrieta, Ceesepe, Antonio Capella y Antonio Gonzalez Virgil. La de Zulueta encuentra en Carmen (Marisa Paredes) y Carlos (Eusebio Poncela), de Txupa (Lola Valverde/Patricia Valverde) y Lupe (Marta Fernández Muro), la historia de dos o uno, de reflejos, de “par pa dos” y muestra su personalidad cinematográfica, aunque sea un episodio televisivo, el último emitido de la serie creada por González Virgil…
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...


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