Ir al contenido principal

Calle Mayor (1956)



El cine más personal de Juan Antonio Bardem adquiere su sentido en la intención del cineasta de oponerse al estancamiento sociocultural y al régimen franquista en un momento en el que muy pocos realizadores españoles lo hacían. Para ello empleó la metáfora como recurso, de otro modo producciones como Muerte de un ciclista (1955), Calle Mayor (1956) o La venganza (1957) nunca hubieran visto la luz. Para él, las películas eran el medio ideal para constatar la realidad de su momento, pero implicándose a la hora de emitir juicios sobre aquello de lo que era testigo. Por este motivo en Calle Mayor, a pesar de estar ambientada en una ciudad de provincias que podría ser cualquiera, lo que Bardem expone y juzga es el conjunto de la sociedad española de la época, la hipocresía y la apatía, la ausencia de autocrítica, las apariencias como principio y fin, la falta de diálogo o la insolidaridad que domina allí donde se mire. Fue un hecho sonado la detención del cineasta (por su postura ideológica) poco después de iniciarse el rodaje del film, como también fueron sonadas las protestas de colegas de diversos puntos del globo ante dicha circunstancia. Finalmente, Calle Mayor, que tomó su argumento de La señorita de Trevélez (1916) del comediógrafo Carlos Arniches, fue premiada en Venecia por la crítica internacional, que vio en ella otra muestra del talento de un realizador que muchos encumbraron entre los grandes cineastas del momento, pero que no tardaría en caer en el periodo de ostracismo profesional que vivió desde Nunca pasa nada (1963) hasta El puente (1976), durante el cual asumió encargos que poco tendrían que ver con sus intereses creativos y personales.


La historia, en apariencia sencilla, gira en torno a la broma que, por iniciativa de su grupo de amigos, Juan (
José Suárez) gasta a Isabel (Betsy Blair), una mujer soltera en un pueblo donde la soltería femenina a cierta edad sería signo de desprestigio y de marginalidad. A partir de su relación, ella siente la felicidad que se le había negado hasta entonces, mientras, él cae en una vorágine de remordimientos que lo engulle sin ser capaz de poner fin a la burla que su grupo de amigos planeó para salir de su desidia. Únicamente Federico (Yves Massard) y Tonia (Dora Doll) muestran su disconformidad, tildando de miserables y de cobardes a quienes como Juan son incapaces de enfrentarse a sus culpas y confesar la verdad, escudándose en el daño que podría sufrir Isabel, una mujer condenada a la soledad que implica el no ser escuchada ni valorada en un espacio donde nadie se preocupa por las necesidades ajenas. Como consecuencia, la crueldad social se encuentra presente a lo largo del metraje de Calle Mayor, en la burla, pero también en el comportamiento hipócrita del resto de vecinos que pasean sus cuerpos mientras ocultan sus vergüenzas acudiendo a procesiones y liturgias o por esa calle principal donde se muestran más interesados en señalar y saludar a este o a aquella y en recordar a la protagonista la fortuna de encontrar pareja a su edad que en intentar mirar hacia sí mismos y resolver sus miserias, las cuales formarían parte de las propias miserias de una sociedad que huye de su realidad para esconderse en la insípida y falsa cotidianidad que impide la comunicación entre sus distintos miembros y la evolución que no se produce, porque resulta más fácil que todo continúe igual que asumir decisiones como la que Juan nunca llega a tomar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...