Ir al contenido principal

Torero! (1956)


Como apunte inicial, cabe señalar que, previo al rodaje de Torero! (1956), el orensano Carlos Velo consideraba el toreo un espectáculo bárbaro, un atraso cultural y social, opinión que seguiría manteniendo después de su contacto con Luis Procuna, aunque sin negarle su bravura ni la del animal al que se enfrenta a vida o muerte mientras los instintos primarios del público salen a relucir en los gritos, rostros y diversos comportamientos que se observaban en determinados momentos de la película. Su rechazo, no exento de respeto hacia el famoso matador mexicano, se encuentra en Torero!, en la que Velo desmitificó la tauromaquia desde la originalidad de narrar las imágenes documentales -en las antípodas del mero reportaje- desde el intimismo dramático que adquiere la figura de Procuna, el hombre y no el torero abucheado o vitoreado según el humor del respetable, en ocasiones irrespetuoso cuando no violento. El diestro mexicano, protagonista exclusivo de este destacado documento narrado cual película de ficción, se descubre en el interior del automóvil que lo conduce de regreso al ruedo después de su retiro voluntario.


En el asiento trasero, el sudor y el nerviosismo lo acompañan mientras su pensamiento (que se hace audible) introduce la miseria vivida durante su infancia, en su adolescencia, cuando trabajaba de peón en el mercado, así como el amor por su familia, su alternativa y el éxito que lo convirtió en uno de los más afamados toreros mexicanos. Pero también recuerda las muertes de Joselillo y su admirado Manolete, y la sensación de miedo que despertó en él después de reflexionar sobre la cercanía de lo desconocido, un miedo que se hizo cada vez más intenso y provocó su decisión de apartarse de los ruedos, adonde se dirige en el presente, forzado por la presión pública y por los medios de comunicación que, ignorantes de las sensaciones de soledad y de temor a las que se enfrenta los domingos en la arena, se refieren a su retiro como fruto de su cobardía.


Empleando imágenes de ficción (niñez y adolescencia) y de archivo —algunas corridas en las que participó el protagonista— este (en su momento) novedoso docudrama, que influyó en películas tan destacadas como La batalla de Argel (La battaglia de Algeri; Gillo Pontecorvo, 1965), fluye de la interioridad del matador para mostrar las inquietudes y las vivencias que fueron expuestas por Velo desde el realismo propio del género documental y desde la humanidad del personaje, aunque sin olvidarse de la profesionalidad que aleja a Procuna del hambre y de la carestía que marcaron sus primeros años. Como tantos otros jóvenes de por aquel entonces, para Procuna convertirse en torero implicaba dejar atrás los padecimientos que se observan en las secuencias de su infancia y juventud, por ello los sentimientos que lo dominan durante su primer contacto y su ascensión son la ambición y necesidad de enfrentarse al toro y conquistar al público, de humor variable y siempre sediento de sangre. En ese pasado recreado, su enfrentamiento consigo mismo no se produce, porque la prioridad sería dejar de pasar hambre, aunque sí lo hará tiempo después, cuando, rico y famoso, las dudas y el temor lo acompañen sobre la arena donde se hacen tan reales como el rival al que se enfrenta. Más allá del profesional y de sus temores, se encuentra el hombre de familia que goza de una existencia colmada por el cariño de los suyos, pero también está aquel que sufre en silencio la proximidad de la muerte en la arena donde es aplaudido, silbado y juzgado por la presencia externa que insulta, arroja almohadillas, amenaza, exige o, en caso de que sus exigencias sean satisfechas, vitorea e incluso saca a hombros al matador de la plaza.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...