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Beau Geste (1939)



En 1924 Percival Chirstopher Wren publicó Beau Geste, la primera novela de una trilogía que completó con Beau Sabreur (1926) y Beau Ideal (1928). Dos años después, Herbert Brenon la llevó a la pantalla en un largometraje protagonizado por Ronald Colman; pero aquella producción silente no fue la única adaptación de un relato que volvería a las pantallas en posteriores ocasiones, siendo la más reconocida la realizada en 1939 por William A. Wellman. Mezclando
 aventura, desencanto, drama, intriga y camaradería, Wellman desarrolló las vivencias de los hermanos Geste durante su estancia en el África colonial, en un momento en el que se produce la pérdida de la inocencia que les había caracterizado hasta su contacto con las arenas del desierto, que nada tienen que ver con el mundo que se han visto obligados a dejar atrás, un mundo que giraba en torno a ideales, sueños y fantasías que no tienen cabida en un presente militar que les golpea y despierta a la realidad que sustituye la ilusión y el honor por la ambición, la traición y la violencia representadas en el sargento Markoff (Brian Donlevy), el suboficial al mando del destacamento de la legión extranjera al que llegan poco después de la misteriosa desaparición del zafiro "Agua azul", sustraído de uno de los salones de la mansión de Brandon Abbas (el hogar de los Geste desde la muerte de sus progenitores).


Beau (Gary Cooper) es el primero de los tres en tomar una decisión que le obliga a abandonar el hogar, dejando tras de sí una nota de despedida en la que acepta la culpabilidad del robo para evitar que las sospechas recaigan sobre sus hermanos, de tal manera que estos continúen con sus vidas. Pero Digby (Robert Preston) no puede tolerar que se rompa el nexo que les une y no tarda en seguir los pasos del mayor de los Geste, lo mismo hace John (Ray Milland), después de despedirse de Isobel (Susan Hayward), a quien ama y de quien se separa porque la lealtad fraterna le impulsa a ello. Pero lo dicho hasta ahora carecería de sentido sin el excelente prólogo realizado por el director de Cielo amarillo (Yellow Sky, 1948), ya que Beau Geste arranca en un tiempo fantasmagórico que se ubica en la aridez del desierto que rodea a un puesto militar silencioso, casi espectral, en cuyo exterior se descubre a un grupo de legionarios entre quienes destaca la presencia de un corneta que solicita escalar el muro para investigar qué ha ocurrido en el interior del recinto. Este soldado no es otro que Digby, quien, segundos después de acceder a la fortaleza, desaparece sin dejar rastro, y solo en la parte final del film se encuentra la explicación para los hechos que en ese momento se omiten. La acción retrocede quince años y presenta a los tres hermanos jugando a ser héroes en mil y una batalla, una imagen que se perpetúa hasta su entrada en la legión extranjera, idealizada durante sus aventuras infantiles. Aunque allí, bajo el yugo del brutal sargento (arquetipo del villano lineal, en oposición a un héroe también unidimensional), su idealismo toca a su fin, pues la imagen romántica que se habían hecho de la legión (y de la vida) se rompe ante una realidad mundana, sádica y brutal, habitada por individuos como Markoff y por otros legionarios ajenos a la lealtad, al honor y a los sueños de gloria que concluyen definitivamente en un final que cierra de manera brillante este oscuro clásico de aventuras.

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