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Terror en una ciudad de Texas (1958)


Antes de finalizar sus días de realizador dirigiendo episodios de series ambientadas en el oeste, Joseph H. Lewis se despidió del cine con un western en el que de nuevo incidía en personajes marcados por una situación límite que les impulsa a tomar decisiones drásticas como la que se observa al inicio de Terror en una ciudad de Texas (Terror in a Texas Town, 1958), un comienzo atípico, pues se trata de la parte final del film, durante el cual se contempla un duelo desigual entre un pistolero vestido de negro y un hombre armado con un arpón. Pero este enfrentamiento tendrá que aguardar, ya que las imágenes dan paso a los títulos de crédito mientras la acción se traslada al principio de la historia, a un momento que muestra un pueblo dominado por McNeil (Sebastian Cabot), empeñado en conseguir que los vecinos vendan sus tierras porque estas esconden el petróleo con el que piensa enriquecerse. Para materializar sus intenciones contrata los servicios de Johnny Crale (Nedrick Young), un asesino a sueldo con quien había mantenido relación en el pasado, aunque en el presente el especulador le muestra su rechazo y le asegura que individuos como él no tienen cabida en una época moderna en la que la coacción encaja mejor que el asesinato; aunque como le responde aquel: <<mientras haya hombres como tú, existirán hombres como yo>>. De tal manera, la presencia en el pueblo del pistolero significa violencia, terror y el homicidio a sangre fría de Sven Hansen (Ted Stranhope), una muerte con la que se pretende dar una lección a quienes se niegan a la venta de sus propiedades.


A partir de aquí, la historia escrita por 
Dalton Trumbo, obligado a firmar el guión empleando de tapadera el nombre Ben Perry, se centra en el miedo como medio para someter a una población que, por temor, silencia injusticias como las que descubre George Hansen (Sterling Hayden) a su llegada a la ciudad. Allí, un sheriff corrupto (Tyler McVye) le notifica que su padre ha sido asesinado y que le convendría largarse, lo cual le obliga a asumir en soledad la lucha contra la criminalidad que se ha asentado en el pueblo, donde todos, incluido José Miranta (Victor Millan), testigo de la muerte de Hansen padre, guardan silencio. El primer contacto de George con el medio le permite descubrir parte de la realidad que asusta a los vecinos, la misma que le impide encontrar respuestas a los múltiples interrogantes que plantea un entorno condicionado por la amenazante presencia de Crale. Aún así, el recién llegado, arponero de profesión, decide mantenerse firme y asentarse en los terrenos heredados, lo que implica su oposición a la ambición de McNeil y su inevitable enfrentamiento a la violenta coacción representada por Johnny Crale. La situación denunciada por Lewis y Trumbo en el film parte de la experiencia del segundo con el comité de actividades antiamericanas que, empeñado en su cruzada anticomunista, perseguía a sospechosos de simpatizar con una postura ideológica distinta a la suya, circunstancia que en Terror en una ciudad de Texas se denuncia a través de la figura de Hansen hijo, quien, ante la coacción que convierte en víctimas a los habitantes del lugar, asume que solo de superar los miedos puede producirse el cambio que empieza a gestarse a partir del nuevo posicionamiento de Miranda, cuando, antes de morir, acepta que ya no tiene miedo, cuestión que afecta a su asesino hasta el punto de convertirse en su obsesión, porque en ese instante el pistolero comprende que si existen hombres que no temen a la muerte (en su decisión por denunciar injusticias) el fin de su reinado de terror y de su razón de ser son inminentes.

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