Un paseo por el policiaco
Por Antonio Pardines
Llegados los ochenta, el medio televisivo aportó una visión intimista cotidiana del oficio (en cierta medida, realista) con Canción triste de Hill Street (1981-1987), pero el cine de policías (que no policíaco) de la década parecía decantarse por la acción explosiva, los tiroteos y la comicidad en producciones del estilo de Límite 48 horas (Walter Hill, 1982), Superdetective en Hollywood (Martin Brest, 1984), Arma letal (Richard Donner, 1987) o Jungla de cristal (John McTiernan, 1987), con excepciones como El príncipe de la ciudad (Sidney Lumet, 1981) o Manhattan Sur (Michael Cimino, 1985). Años después, ya en el siguiente decenio, la ficción cinematográfica seguiría la línea trazada en el anterior, buscando nuevos héroes o retomando los ya existentes, aunque también se descubre otro tipo de ficción más oscura y más cercana al policíaco en thrillers como la espléndida Distrito 34: corrupción total (Sidney Lumet, 1990), Sospechosos habituales (Bryan Singer, 1995), que ya es una historia más tramposa, como lluviosa pueda ser Seven (David Fincher, 1995) y doblemente familiar Heat (Michael Mann, 1995), al acertar y dividir la trama en dos familias (laborales) en márgenes opuestos de la ley; o la en apariencia retro L. A. Confidencial (Curtis Hanson, 1997). Pero, por entonces, el realismo llegaba al espectador a través de Cops (1989-), un acercamiento a las labores policiales mediante grabaciones en vivo que ofrecen, a quien tenga ganas, la posibilidad de observar la supuesta cotidianidad de agentes en acción. Volviendo al policíaco, en el año 2002 la HBO estrenó The Wire, una excelente serie emitida en cinco temporadas durante las cuales se accede al día a día de un grupo de policías en su enfrentamiento con la delincuencia, la corrupción, la incompetencia e intereses de su departamento, los problemas económicos de una ciudad en quiebra o las drogas que inundan sus calles. En ella se observa un pesimismo crítico que retrae a aquel que dominaba el policíaco de los años setenta, y obliga a los personajes a asumir posturas que a menudo conllevan infringir las leyes establecidas para poder realizar su trabajo.



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