Aparte de entretenimiento, espectáculo o arte, el cine es un medio de expresión que conecta de inmediato con las masas, lo que provoca que sea idóneo para trasmitir y acercar ideas al espectador, aunque en ocasiones con la intención de condicionar o alterar su percepción y su pensamiento. Estas manipulaciones no son exclusividad de una postura ideológica concreta sino que se encuentra al servicio de aquellas que prevalecen en determinadas épocas y lugares. Uno de los periodos que mejor ejemplifican el fenómeno de propaganda política en el cine abarcó parte de la década de 1930 y la primera mitad de la siguiente; durante aquellos años, en diferentes latitudes del globo, se produjo el auge, el asentamiento y la caída de algunos sistemas políticos totalitarios, objeto de denuncia de las producciones de propaganda realizadas tanto en Hollywood como en Gran Bretaña, películas que, al tiempo que defendían su postura, criticaban y advertían de los peligros inherentes a los regímenes que regían el destino de países como Alemania, Italia, Japón o la España de aquel dictador que impuso el doblaje de las producciones extranjeras y la proyección de noticiarios subjetivos al gusto de su ideario. En estos y en otros países se realizaban producciones que se encontraban sometidas al control de los censores y al servicio de los intereses políticos del momento; pero, en la actualidad, aquellas mismas películas permiten evaluar y reflexionar acerca de las diversas interpretaciones e intenciones ideológicas, políticas y sociales de la época. De tal manera, en el presente, cualquier espectador dispuesto a ello puede realizar un visionado crítico, ajeno a las pretensiones de quienes deseaban condicionar a la opinión pública desde perspectivas que ensalzan una idea: la suya.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




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