Ir al contenido principal

Perseguido (1987)


Dentro de sus limitaciones narrativas y de ser un vehículo para el lucimiento de Arnold SchwarzeneggerPerseguido (The Running Man, Paul Michael Glaser, 1987), basada en la novela de Stephen King (que firmó bajo el seudónimo Richard Bachman), propone una revisión de El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel, 1932) que cuenta con el atractivo de mirar el medio televisivo de su presente, situándolo en el futuro distópico, y enfrentar la cara visible del espectáculo y la oculta donde se mueven los hilos, aquella que actúa según los intereses comerciales y políticos. Aunque la acción prevalezca, que para algo es una película con Schwarzenegger, sus responsables introducen durante la caza humana el tema de la manipulación mediática que guía la opinión y las simpatías del público, potencial consumidor de los productos publicitados y de la “telebasura” que también en la actualidad continúa llenando las pantallas televisivas. La acción de 
Perseguido se desarrolla en 2017, dentro de una sociedad que se encuentra totalmente alienada y controlada por la televisión, que a su vez es un medio de control del gobierno para someter y engañar a sus gobernados. En el futuro de The Running Man no existe el Derecho a manifestarse, ni siquiera cuando se hace de manera pacífica y tiene como meta conseguir alimento. Puede que por esa falta de libertad, que forma parte de la cotidianidad de ese mundo totalitario, la orden de abrir fuego contra las masas solo sorprenda al héroe: Ben Richards (Arnold Schwarzenegger), el capitán que se niega a acatarla, aunque no puede evitar la masacre, pues, en un sistema como el de Perseguido, someter es esencial para conservar el Poder.


Los Derechos se reducen, no hay más que aquellos que no signifiquen un peligro para el férreo control de quienes ostentan el Poder que Richards pone en duda, cuando desobedece el mandato y queda sellado su destino, que
 no es otro que convertirse en el héroe salvador y en estrella mediática, tras pasar una temporada en el presidio donde afirma que lo único que le importa es salvar su cuello y sobrevivir, sin plantearse ni preocuparse por lo que suceda a su alrededor. Dicho pensamiento choca con su comportamiento anterior, el que provocó su encarcelamiento, y con el posterior, cuando luche por su vida y la de sus compañeros: Laughlin (Yaphet Kotto) y Weiss (Marvin J. MacIntyre), dos presos políticos, miembros de la resistencia que, junto a él, se evaden del campo de trabajo. Tras la fuga, vuelve a dejar claro que su única intención es la de abandonar el país sin meterse en guerras absurdas, absurdas porque que no le interesan. Pero su fuga se va al traste y Richards acaba siendo el concursante a la fuerza de The Running Man, un programa líder de audiencia que ofrece como entretenimiento la caza humana y la muerte en directo de sus participantes, a manos de cazadores a cada cual más hortera. Como apunto al inicio del comentario, Perseguido no pasa de ser un vehículo de lucimiento para su actor principal, pero tiene la gracia de que no se toma en serio y el añadido de su crítica a un medio audiovisual capaz de controlar gustos y emociones, tergiversando verdades y ofreciendo un espectáculo irracional que controla y hace vibrar a la audiencia, vibración o goce que no se aleja excesivamente de la realidad. Más allá de su evidente crítica al control, Perseguido se centra en la lucha a muerte entre Richards y sus perseguidores, cinco estrellas mediáticas que inútilmente pretenden darle caza. Estos perseguidores no son los verdaderos villanos de la función, sino actores y marionetas de Killiam (Richard Dawson), el presentador de rostro cercano y risueño, pero de fondo manipulador, insensible y ambicioso, que afirma que en su espacio no se miente y que quiere a su público. Por supuesto, lo quiere pegado delante de la pantalla. Este individuo ha alcanzado el éxito gracias a la creación de un programa en el que la caza del hombre divierte a la masa, que le adora y que él desprecia, y que sólo utiliza para mantener el poder que le confiere los índices de audiencia. Lo curioso de Richards, solitario y siempre a lo suyo, sería su aceptación a participar en el show, ya que lo hace para evitar que lo hagan sus compañeros de fuga, una contradicción para un hombre que repite constantemente que solo le importa salvar su pellejo, y sin embargo cuida de ellos y de la mujer (María Conchita Alonso), heroína de la función, que le delata en el aeropuerto mientras intenta huir del país. Pero así es Arnold, un héroe a la fuerza, a pesar de haber sido el villano de Terminator (James Cameron, 1984), un tipo que promete volver para cumplir con su papel y con su público…

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...