Ir al contenido principal

Odio en las entrañas (1970)



Pensilvania, 1876, la extracción del carbón es un negocio muy lucrativo para los patronos, no así para los mineros, quienes viven bajo unas condiciones humanas y laborales que pasan por alto su seguridad y sus necesidades más básicas. Como muestra de protesta ante toda una constante de injusticias, varios trabajadores se han unido formando una célula terrorista, que se dedica a sabotear las propiedades de la compañía minera. Las autoridades infiltran a un detective dentro de la comunidad minera, con la misión de descubrir y ganarse la confianza de los delincuentes. McParlan (Richard Harris), verdadero nombre del policía, deberá convencer a sus nuevos hermanos de que es un tipo de confianza y que, al igual que ellos, se encuentra indignado por el trato que reciben los suyos. Su primer descenso al pozo le presenta las terribles condiciones de vida a las que están obligados los mineros, asimismo, observa como los propietarios reducen el salario a su antojo y como niños, de poco más de diez años, bajan a trabajar en las mismas condiciones que los adultos. McParlan vive bajo el techo de un hombre que padece la enfermedad de los mineros, quien, tras cuarenta años trabajando, sólo ha conseguido como recompensa la amenaza de una muerte prematura. Toda una serie de circunstancias que se le van presentando y le llevan a comprender los motivos que empujan a sus compañeros, de ese modo, no tarda en replantearse la situación, incluso, llega un momento en el cual se deja arrastrar por los mismos sentimientos de aquellos a quienes debe traicionar. De entre todas sus nuevas amistades destaca la relación que mantiene con Jack Kehoe (Sean Connery), auténtica alma de los Molly Maguires, un hombre que no encuentra más alternativa que el empleo de la violencia para hacerse oír y exclamar que ya está bien de ser tratados como si fuesen esclavos. En él encuentra a esa especie de amigo,un igual con quien se identifica y en quien descubre a un hombre justo, que utiliza métodos injustos. Pero este grupo terrorista no es el único que emplea la violencia, también la policía hace uso de ella, sin embargo, la suya se encuentra bajo el amparo de la ley. Acaso, ¿no es violencia igualmente?. Ante las crecientes y violentas represalias, no les queda otra alternativa que continuar, no hay vuelta atrás.

La simpatía que McParlan siente hacia sus nuevos compañeros le lleva a advertirles que no deben continuar, pero su ambigüedad le obliga a delatarles una y otra vez. Para entrar en la hermandad realiza un juramento donde se compromete a mantener en secreto la existencia de la misma, sin embargo no lo cumple y traiciona la confianza de quienes le creen amigo y compañero. Su conciencia enfrenta a la confianza y admiración con el deber de cumplir con una misión en la que ya no cree como al principio, pues ha observado, sufrido y comprendido el padecimiento al que se ven sometidos los mineros, quienes únicamente pretenden protegerse, ya que si no lo hacen ellos, nadie más lo hará. La relación que mantiene con su joven casera (Samantha Eggar), mujer que desprecia la violencia, produce en McParlan un nuevo enfrentamiento: desvelar o no su verdadera identidad para que ella sepa que no es un terrorista, pero sabría que es un traidor, por lo tanto la situación en la que se encuentra imposibilita esa relación que desea y que, como consecuencia de su posición en el devenir de los hechos, se encuentra amenazada. En Odio en las entrañas no hay lugar para héroes, sólo para personas que actúan siguiendo unas convicciones que desembocan en acciones injustificables para adquirir un derecho que no es otro que un trato digno, sin abusos por parte de quienes ostentan el poder y hacen de la ley una de sus herramienta de control.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...