Monument Valley es el escenario que de inmediato se asocia a John Ford, no en vano fue quien mejor supo captar y mostrar su belleza en el western, aunque, claro está, no fue el único que sacó partido a tan lucida estampa. También Sergio Leone lo hizo cuando se trasladó a Utah y a Arizona para filmar su magnífico fresco sobre el final de aquel lejano Oeste con ese paisaje milenario como telón de fondo, un paisaje, inhóspito y bello, habitado por individuos que deben desaparecer para dejar paso a la modernidad que no les quiere, ni les necesitará una vez cerrado el pasado. Por el territorio de Leone deambulan cinco personajes: Frank (Henry Fonda), un pistolero sin escrúpulos, que vende sus habilidades al mejor postor; Cheyenne (Jason Robards), un forajido que se mantiene fuera de la ley porque no le queda otra opción o no quiere otra; Jill (Claudia Cardinale) —el personaje femenino más atractivo e importante de la filmografía de Leone—, la prostituta que busca su oportunidad para construir una nueva vida; Armónica (Charles Bronson), el solitario sin nombre, perseguido por un pasado que le exige venganza, y Morton (Gabriele Ferzetti), el empresario que, a las puertas de la muerte, apura sus últimas opciones para ver cumplido el sueño de su vida, un sueño que se transforma en la pesadilla de intentar alcanzar una charca. Estos son los personajes que se desenvuelven por el purgatorio polvoriento y moribundo donde se les exige purgar culpas o saldar sus deudas.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




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