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García Lorca en Compostela



“Danza da lúa en Santiago”, de Federico García Lorca

¡Fita aquel branco galán
olla seu transido corpo!

É a lúa que baila
na Quintana dos mortos.

Fita seu corpo transido
negro de somas e lobos.

Nai: A lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¿Quén fire potro de pedra
na mesma porta do sono?

¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

¿Quén fita meus grises vidros
cheos de nubens seus ollos?

É a lúa, é a lúa
na Quintana dos mortos.

Deixame o morrer no leito
soñando como froles d’outro.

Nai: A lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¡Ai filla, co ar do céo
vólveme branca pronto!

Non é o ar, é a triste lúa
na Quintana dos mortos.

¿Quén brúa co-este xemido
d’imenso boi melancólico?

Nai: É a lúa, é a lúa
na Quintana dos mortos.

¡Si, a lúa, a lúa
coronada de toxos,
que baila, e baila, e baila
na Quintana dos mortos!

Federico García Lorca

*****

<<Federico García Lorca me llegó, un día cualquiera de nuestra amistad, con un puñado de versos gallegos. Todavía traían en lo tierno de su blandor recién modelado, el movimiento arbitrario de una grafía nerviosa de tachones, curvas y añadidos; plástica de la inspiración –calumniada palabra romántica que hay que recuperar por tantos motivos–; movimiento casi involuntario de la mano, agarrotada por ese eléctrico torrente discontinuo, que al bajar de los sesos a los dedos, se apodera de todo cuanto puede extremecerse en nuestra carne. Y dijo: “—La verdad es que, a pesar de haberme bien leído mi Curros y mi Rosalía, el gallego lo aprendí en los vocabularios precaucionables que añades a tus libros de poemas. Debes ser tú, por lo tanto, quien ordenes éstos y quien los edite y quien los prologue. Y ya está. Y ya se acabó. Y no me hables más de esto hasta que me traigas el libro.”

Poco había que ordenar fuera de la simple anécdota amanuense de sacarlos del dorso de unos recibos, desenredarlos de entre las líneas de un telegrama o ponerlos a flote de las restingas de una carta. Se veía que habían sido escritos en una serie de impromtus, de urgencias y de incontinencias, como los otros; no cultivándolos en macetas de ocios trabajosos y de postizas filologías, sino recogiendo el lagrimón de resina madura en el momento caprichoso en que se le ocurría aparecer sobre la superficie del poeta. No son, pues, versos eruditos elaborados, por virtuosismo y presunción, en lengua prestada, sino tan naturales, tan irremediables y tan «inspirados» como los que le salen en su idioma de siempre…>>

Eduardo Blanco Amor: extracto del prólogo “Seis poemas galegos”. Revista NÓS, Santiago de Compostela, 1935.

*****

En 1916, un mozo granadino, de dezaoito anos de idade, visita por primeira vez Galicia e préndase da súa paisaxe e de localidades como Santiago de Compostela. Aínda que non teña conexión, tamén é o ano no que decide cambiar o seu probable futuro de pianista polo de poeta. Ese mesmo rapaz madura a súa arte lírica e dramática ata alcanzar recoñecemento mundial, pero el segue sendo o mesmo, continúa sendo Federico García Lorca. Pasan dezaseis anos ata que Federico volta a Galicia. Corre o 1932, a II República é a realidade política de España, e o poeta retorna a unha terra que leva dentro. Hai unha terceira e unha cuarta viaxe, incluso unha quinta, mais esta é onde os galegos na emigración e no exilio. Lorca visita aos emigrantes galegos cando viaxa a Bos Aires e a Montevideo. Destina un recuncho do seu corazón a Galicia e por iso cántalle seis poemas. Os temas van dende Rosalía, poetisa que admira, a Compostela, pasando polos emigrantes e a tradición. O 27 de decembro de 1935 aparecen publicados na Revista NÓS, fundada en 1927 polo seu amigo Ánxel Casal, e prologados por Eduardo Blanco Amor, outro dos ilustres amigos galegos do poeta andaluz que sería asasinado o 18 de agosto de 1936, o mesmo día que Casal foi “paseado” e abandoado o seu corpo nunha cuneta no concello de Touro. “Seis poemas gallegos” é a obra en galego máis traducida e un canto lorquiano, con influenzas de Rosalía e das cantigas, a unha terra que faille sentir <<poeta gallego>> e a necesidade de facer versos nun idioma orgulloso de acollelo entre as súas grandes voces poéticas, moitas das cales eran coñecidas por García Lorca (Alfonso X o Sabio, Martín Codax, Meendiño, Rosalía, Pondal, Amado Carballo, Manuel Antonio, Álvaro Cunqueiro)

Na fotografía (de Alvarellos Editora), tomada o 24 de agosto de 1932, Arturo Sáenz de la Calzada, Ketty Aguado y Federico García Lorca, na compostelana Praza da Quintana, o lugar compostelán favorito do poeta, onde esa mesma xornada ía representar unha obra coa súa compañía teatral La Barraca. O parecer, a montaxe foi un enorme éxito ao que asistiron máis de seis mil pares de ollos.

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En 1916, un muchacho granadino, de dieciocho años de edad, visita por primera vez Galicia y se queda prendado de su paisaje y de localidades como Santiago de Compostela. Aunque no tenga conexión, también es el año en el que decide cambiar su probable futuro de pianista por el de poeta. Ese mismo muchacho madura su arte lírico y dramático hasta alcanzar reconocimiento mundial, pero él sigue siendo el mismo, continúa siendo Federico García Lorca. Pasan dieciséis años hasta que Federico vuelve a Galicia. Corre el 1932, la II República es la realidad política de España, y el poeta regresa a una tierra que lleva dentro. Hay un tercer y un cuarto viaje, incluso un quinto, pero este es donde los gallegos en la emigración y en el exilio. Lorca visita a los emigrantes gallegos cuando viaja a Buenos Aires y a Montevideo. Destina un rincón de su corazón a Galicia y por ello le canta en seis poemas. Los temas van desde Rosalía, poetisa que admira, hasta Compostela, pasando por la saudade de los emigrantes y la tradición. El 27 de diciembre de 1935 aparecen publicados en la Revista NÓS, fundada en 1927 por su amigo Ánxel Casal, con prólogo de Eduardo Blanco Amor, otro de los ilustres amigos gallegos del poeta andaluz, a quien asesinan el 18 de agosto de 1936, el mismo día que Casal es “paseado” y abandonado su cuerpo en una cuneta en el muncipio de Touro. “Seis poemas gallegos” es la obra en gallego más traducida y un canto lorquiano, con influencias de Rosalía y de las cantigas, a una tierra que le hace sentir <<poeta gallego>> y la necesidad de hacer versos en un idioma orgulloso de acogerlo entre sus grandes voces poéticas, muchas de las cuales eran conocidas por García Lorca (Alfonso X el Sabio, Martín Códax, Meendiño, Rosalía, Pondal, Amado Carballo, Manuel Antonio, Álvaro Cunqueiro).

En la fotografía (de Alvarellos Editora), tomada el 24 de agosto de 1932, Arturo Sáenz de la Calzada, Ketty Aguado y Federico García Lorca, en la compostelana Praza da Quintana, el lugar compostelano favorito del poeta, donde esa misma jornada iba a representar una obra con su compañía teatral La Barraca. Al parecer, el montaje fue un enorme éxito al que asistieron más de seis mil pares de ojos.

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