Ir al contenido principal

El caserón de las sombras (1932)


Las circunstancias en las que Roger Penderell (Melvyn Douglas) canta "Singin' in the Rain" -compuesta por Arthur Freed y Nacio Herb Brown para The Hollywood Revue of 1929 (Charles Reisner, 1929)- son muy distintas a las que llevarían a Gene Kelly a hacer lo propio dos décadas después en una de las cimas del cine musical. En el film de James Whale, la canción, entonada durante apenas diez segundos, no denota el optimismo de las imágenes de Kelly chapoteando y bailando, suena en la distancia, cínica y burlona, bajo la inclemente tormenta que se desata en la noche y sorprende a los tres ocupantes del automóvil que se desplaza en la solitaria y tempestuosa oscuridad. Necesitan un lugar donde guarecerse del intenso manto de lluvia, del vendaval que lo acompaña y de los desprendimientos de tierra que amenazan el paso del vehículo. Precisan un refugio que evite cualquier tipo de accidente, y la casualidad pone en el camino un sombrío y viejo caserón. Llaman a la puerta; no sin esfuerzo, esta se abre y entreven el siniestro rostro de Morgan (Boris Karloff), que los observa y les permite el paso al interior del recinto donde, salvo el intervalo de intimidad romántica que Roger y Gladys (Lilian Bond) comparten en el granero, se desarrolla El Caserón de las sombras (The Old Dark House, 1932), un film que juega con la luz y la sombras y, a diferencia de su predecesora silente El legado tenebroso (The Cat and the Canary; Paul Leni,1927), también lo hace con el sonido. Pasos, viento, puertas, quejas en la distancia se escuchan en la vieja mansión que se convierte en el escenario del comportamiento de diez personajes, la mayoría estereotipos, que interaccionan expuestos y condicionados por la acotación espacio-temporal, en el edificio tenebroso y durante las horas nocturnas de tempestad, que agudiza la sensación de encierro y de desvarío que define a los hermanos Femm. Rebeca (Eva Moore) evidencia con sus palabras y su rostro huraño que su hermano Horace (Ernest Thesiger) la teme tanto o más que a Morgan. Ambos son seres extraños, que a regañadientes ofrecen cobijo a los recién llegados. Pero más que la imagen de la locura que habita entre las paredes de la extraña mansión, son la imagen de la represión simbolizada en su aislamiento. Los sonidos, siempre audibles, se combinan a la perfección con los claroscuros de la fotografía de Arthur Edeson, iluminación que no oculta influencias expresionistas -cabe recordar que las aportaciones de los alemanes Paul Leni y, en mayor medida, Karl Freund fueron parte responsable de la estética visual que se convertiría en marca de la casa del cine de terror Universal-, para enrarecer el ambiente hasta transformarlo en una pesadilla delirante, no exenta del humor que Whale introdujo en sus films de terror, incluso de burla -la canción bajo la tormenta, el anciano Femm (Elspeth Dudgeon) interpretado por una actriz, un supuesto héroe despreocupado que abandona la botella para abrazar lo cursi, Margaret jugando con las sombras o la ambigüedad del personaje de Charles Laughton-, y una historia de amor de lo más convencional, apurado e increíble. Más interesante resulta la atracción que Margaret Waverton (Gloria Stuart) despierta en Morgan y el rechazo que Rebeca siente por esa misma mujer, lo siente porque la descubre opuesta a ella; Margaret es sensual, bella, joven, de piel suave y tersa. Los primerísimos primeros planos de un candando, de restos alimenticios sobre una bandeja, de la mano que anuncia amenaza o los movimientos de la cámara por el escenario sombrío apuntan la destreza visual que Whale empleó con la intención de apartar a El caserón de las sombras de la teatralidad que podría imponerse, como consecuencia de los personajes y del acotamiento espacial y temporal. Pero el responsable de la exitosa El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931) salió bien parado de su incursión en casas terroríficas; generó una atmósfera quizá no inquietante, pues dicha sensación se ve mitigada por las constantes notas de comicidad, pero sí cinematográfica y acorde con el desequilibrio que los visitantes, sobre todo, el matrimonio Waverton, sea en conjunto o por separado, descubren a lo largo de su extraña noche en el hogar de los Femm. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...