¿Cómo es posible que dos películas, en apariencia tan distintas, como Godzilla (Gojira, 1954) y Notas de un ser vivo (Ikimono no Kiroku, 1955) encierren un mensaje similar? La respuesta a esta pregunta se encuentra en su presente, cuando las potencias mundiales empleaban el Pacífico como océano de pruebas de bombas nucleares de capacidad destructiva muy superior a las atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. Estas detonaciones se realizaban en lugares aislados con el fin de evitar que sus efectos inmediatos y sus posteriores nubes radiactivas (que la acción del viento extendía más allá del área controlada) afectasen a asentamientos humanos. Pero, en marzo de 1954, los tripulantes del pesquero japonés "Fukuryu Maru", cuya historia fue llevada a la pantalla por Kaneto Shindô en Dragón de la suerte número cinco (Daigo-Fukuryu-Maru, 1959), entraron en contacto con una especie de polvo amarillo, compuesto de partículas radioactivas, que les generó trastornos físicos. Esta catástrofe humana, la inmediata retirada de la captura del atún del mercado, unida a la cercanía temporal de la guerra de Corea (1950-1953) y a la posibilidad de que nubes similares alcanzasen las costas japonesas, reavivaron fantasmas pretéritos no superados, que provocaron el estado anímico que explicaría la coincidencia entre la producción de Ishiro Honda y la de su amigo Akira Kurosawa. En ambas películas se llama la atención sobre esta amenaza real, que algunos se empeñaban en no ver, sin embargo sus trayectorias comerciales fueron opuestas, ya que la espectacularidad de Godzilla, el gigantesco saurio que despierta tras una explosión nuclear, atrajo al público a las salas, mientras que la reflexiva e intimista Notas de un ser vivo, también conocida como Crónica de un ser vivo, no lo consiguió, a pesar de que por aquel entonces Kurosawa era considerado el cineasta más importante de su país, más si cabe después del éxito obtenido un año antes con su magistral Los siete samuráis (Shichinin no samurai, 1955). Como consecuencia de su fracaso comercial, los directivos de la Toho decidieron, para no aumentar las pérdidas, no distribuirlo en el extranjero, de modo que no sería hasta 1961, en Berlín, cuando se proyectó por primera vez fuera de Japón, en una retrospectiva de la obra del cineasta, de ahí que sea uno de sus títulos más desconocidos de un cineasta imprescindible.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



Notable tu reseña hace cuestión de dos días termine la lectura del libro de John Hersey de 1946 "Hiroshima" así que estamos en sintonía. Recomiendo la lectura de este libro para entender el desastre de la era nuclear sobre el pueblo de Japón.
ResponderEliminarGracias por la recomendación, Marcelo. Intentaré conseguirlo. Hace unos días comenté en el blog “Los niños de Nagasaki”, en la que Keisuke Kinoshita narra los dos días previos, el momento de la explosión atómica y los posteriores.
EliminarUn saludo